Lo que el metro se llevó: Entre la añoranza y la cruda realidad

«Algo que recuerdo mucho es que, muchos albañiles murieron durante la construcción.» experiencias vecinales tras la construcción del metro Consulado.

Por: Greta Nuño // @violetporpl

| Martes 25 de abril, 2023, Ciudad de México.

| Tiempo de lectura: 10 min.

Metro de la línea 4 a la altura de avenida Inguarán (hoy Congreso de la Unión), que se aproxima a avenida Río Consulado. Se pueden apreciar las obras de la construcción de la línea 5 // Fuente: El Universal.

El primer tramo de la línea 4 del metro de la Ciudad de México, fue construido durante la década de 1970, siendo la primera línea elevada, su construcción conllevó la reestructuración de colonias y avenidas importantes. Entre las colonias que atraviesa esta línea, se encuentra la colonia Río Blanco, ubicada en la alcaldía Gustavo A. Madero, donde tiene lugar la estación Consulado.

Sobre Oriente 85, calle ubicada a un lado del metro Consulado, se encuentra la tienda de abarrotes de Benjamín Hernández; un lugar muy conocido por vecinos cercanos, debido a su antigüedad en la colonia. Benjamín comenzó a trabajar en la tienda desde que estaba en la secundaria, hace cuarenta y siete años.

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La vida y cotidianidad, antes del metro de aquí, era muy movida, porque había mucha gente y autos que transitaban por esta calle. Había locales y viviendas. Recuerdo que en la esquina, donde está el metro, había una tlapalería, después, había un edificio grande de departamentos y, en seguida, había una tienda que era la competencia de mi tienda”, comenta Benjamín.

Con la aparición del metro, muchas colonias cambiaron debido a la planeación de este. En el caso de la colonia Río Blanco, específicamente en la zona donde se ubica el metro Consulado, las avenidas importantes como Inguarán (actualmente avenida Congreso de la Unión) y Río Consulado, fueron divididas por el paso del metro, debido a que se planificó como una línea elevada porque tiene conexión con la línea 5, la cual no es subterránea.

Metro Consulado. Se aprecia la salida del desnivel de avenida Congreso de la Unión (antes Inguarán), que cruza la avenida Río Consulado. Foto tomada a pocos años de la inauguración del metro Consulado. Fuente: mivaledor.

Benjamín recuerda que el paso de avenida Río Consulado era libre, ya que se podía cruzar de un lado a otro, sin problemas. Por lo que había una comunicación y un tránsito constante entre los vecinos que vivían cerca del metro Consulado y los vecinos que vivían del otro lado, cerca del Parque Calles. Hoy en día, la opción para cruzar de un lado a otro es por el paso desnivel de avenida Congreso de la Unión, que construyeron por debajo de Río Consulado; o cruzando los puentes que cruzan esta última.


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La calle Oriente 85, donde se ubica la tienda de Benjamín, también tuvo cambios, ya que anterior a la aparición del metro, era una calle que cruzaba la avenida Inguarán y permitía que los vecinos pudieran transitar de una acera a otra de dicha avenida, “Sobre esta avenida, afuera de la tienda, se pusieron unos campamentos de los trabajadores de la construcción. Muchos de los trabajadores eran de provincia, por lo que había dormitorios y un comedor a un lado de la tienda. A partir de ese momento, Oriente 85 se cerró y una parte, donde está el metro, se hizo peatonal

Posterior a la construcción del metro, Benjamín destaca que la movilidad fue uno de los rasgos que más le benefició, pues antes tenía que rodear por otras colonias para poder llegar a la tienda, ahora sólo toma el metro para poder transportarse. Sin embargo, para la tienda hubo un impacto negativo porque la clientela, que estaba del otro lado de la avenida, dejó de ir por la división y corte del paso.

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Benjamín afuera de su tienda de abarrotes. Se aprecia la calle Oriente 85, calle cerrada. Al fondo se ve el metro Consulado.

A un lado del metro se encuentra la primaria Mártires de Río Blanco, lugar donde creció Guadalupe Castillo y su hermana Mara. Sus padres eran conserjes de la primaria, por lo que tenían un espacio habitacional dentro de esta.

Guadalupe tenía 15 años cuando comenzaron las obras para la construcción del metro Consulado, en 1979. En ese momento se encontraba estudiando el tercer semestre del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH). Por otro lado, Mara tenía siete años y se encontraba estudiando en la primaria. Ambas recuerdan que había muchos locales comerciales donde hoy en día está el metro. Las calles aledañas eran muy concurridas por ser zona comercial.

“La mitad de la manzana fue expropiada para hacer el metro consulado de la línea 4. También, expropiaron muchas casas y locales para construir el metro consulado de la línea 5. La mayoría de los vecinos tuvieron que migrar a otras partes, como al Estado de México, porque no les alcanzaba para poder adquirir algo en la colonia”. Comenta Guadalupe.


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La división y cierre de pasos de las avenidas aledañas, impactó mucho en su día a día debido a que ya no era tan fácil acceder a las otras aceras donde se encontraban locales donde se surtían de alimentos.

«Había una cremería; la tlapalería llamada La Fé, que luego se cambió a unas cuadras para Eduardo Molina; una tienda, que aún está ahí que se llama Los Ángeles; y una tortería – rosticería que era muy famosa. Después de la construcción del metro, ese negocio se fue a la ruina, como muchos otros”. Comentan ambas.

Metro de la línea 4 en construcción. En esta foto se aprecia la construcción de la estación Bondojito, estación que sigue de Consulado, dirección Martín Carrera. Fuente: El Universal.

El cambio en el paisaje impactó mucho a los vecinos, ya que disfrutaban del camellón donde había árboles muy grandes. Hoy, sobre ese camellón, están las columnas que sostienen las vías del metro elevado. Mara recuerda que le gustaba acompañar a su mamá para comprar cosas, porque cruzaban por el camellón. Este es un ejemplo de muchos, donde se tuvo que retirar o intervenir áreas verdes para la construcción del metro.

Al vivir a un lado de las obras del metro, Mara comenta que “una de las recámaras de la casa donde vivíamos, daba directamente a la excavación del metro. Esa habitación tenía una ventana. Me daba mucho miedo asomarme por ahí porque se veía la excavación muy profunda. Se veía muy feo”.

La movilidad de las mujeres también se vio afectada, debido al acoso que comenzaron a recibir por parte de los trabajadores de la construcción. En algunos casos, tuvieron que cambiar rutas para poder llegar a los lugares que concurrían.

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«No me gustaba caminar por ahí porque, cuando salía con mi mamá, había mucha tierra y camiones de volteo. Además, muchos trabajadores le gritaban cosas obscenas a mi mamá», comenta Mara. Por otra parte, Guadalupe comenta que el acoso hacia las mujeres, por parte de los trabajadores, era común.

La negligencia que se tuvo y se vivió durante la construcción del metro, es un tema que quedó en el olvido, hasta el derrumbe del tramo de la línea 12. Algo que marcó la memoria de Mara, fueron las noticias sobre la muerte de varios de los albañiles del metro. Debido a que muchos venían de otras partes del país, nadie reclamaba sobre la desaparición de los trabajadores.

«Algo que recuerdo mucho es que, muchos albañiles murieron durante la construcción. Mi papá, que era conserje de la primaria, se enteraba casi a diario de la muerte de trabajadores albañiles de la construcción. Las excavaciones eran muy profundas y muchos trabajadores se caían o se quedaban en la plancha de cemento. De ahí, ya nadie volvía a saber de ellos».

Guadalupe Castillo (lado izquierdo), junto a su hermana Laura. Foto tomada en la primaria Mártires de Río Blanco. Al fondo se aprecia la parte elevada del metro Consulado.

La movilidad colectiva se vio afectada durante el tiempo que duró la obra. Guadalupe comenta que tenía que irse caminando hasta Ferrocarril Hidalgo para tomar un camión y llegar al CCH. Mucha gente tenía que tomar rutas alejadas para poder llegar a su trabajo, escuela u otros lugares.

El metro consulado fue inaugurado el 29 de agosto de 1981. Guadalupe recuerda ese día, aunque no acudió directamente al lugar, pero vio desde la escuela, el primer tren elevado que se puso en marcha.

Sobre la acera donde se encuentra la primaria Mártires de Río Blanco, entre Oriente 85 y 87, se encuentra un taller de tapicería, que lleva el mismo nombre que la primaria; lleva de existencia setenta y seis años. En la tapicería trabajan los hermanos Francisco Paredes y Jesús Paredes, ambos originarios de la colonia.

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Durante la década de 1960, Francisco recuerda que había varios negocios que concurría cuando era niño. Recuerda al radiotécnico y la tienda de hilos que era muy famosa en la colonia. Ambos espacios fueron expropiados para construir el metro.

Un día comenzaron a avisar que iban a quitar las casas y que iban a tirar todo para hacer la estación del metro, pero solo agarraron la mitad de la calle. No tocaron esta parte, afortunadamente. Pero a partir de la construcción del metro, todos los negocios se acabaron, todos los que estaban desde Oriente 87 hasta Río Consulado”.

Jesús Paredes, recuerda que era un lugar muy ameno donde todos los niños, de casas aledañas, salían a jugar hasta altas horas de la noche. Resalta que había mucha gente a todas horas.

Los recuerdos de cómo era la avenida Inguarán, ahora Congreso de la Unión, se destacan debido a que era por donde caminaban a diario y el camino que les conectaba con parques y otros lugares.

Antes había paso para el Parque Calles, porque estaba libre y se podía cruzar sin problemas la avenida Río Consulado. Había un camellón grandote y pasaba el tren. La avenida Inguarán era de doble sentido donde pasaba el trolebús, camiones guajoloteros y hasta pasaban los taxis que les decían cocodrilos. Ahora, el paso de personas es menos y se ha quedado muy solo».

Los hermanos Francisco y Jesús Paredes afuera de la tapicería. Se aprecia la avenida Congreso de la Unión y al fondo el metro Consulado.

Francisco recuerda el día que inauguraron el metro y resalta que dieron algunas vueltas gratis, en el metro.

Para los vecinos de la colonia Río Blanco, el metro ha sido un medio de transporte colectivo eficaz para trasladarse a varios puntos de la Ciudad de México, en poco tiempo. Sin embargo, para las generaciones que les tocó presenciar su construcción y el cambio en el entorno, aún hay mucha nostalgia por la vida cotidiana que había antes, por la gente que nunca más volvieron a ver y por lo pintoresco que les parecía el paisaje de antaño.

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