Aquella tarde de verano | Microrrelato

Una niña muere ahogada en la piscina local, y narra a través de sus propias palabras todo lo que presenció después de su muerte.

Por: Aura Vilchis // @aura_vilchiss

| Miércoles 30 de noviembre, 2022, Ciudad de México.

| Tiempo de lectura: 3 min.

Me ahogué una tarde verano, de una manera que muchos tildarían de estúpida. Me encontraba en mi primera clase de natación en el deportivo de la colonia donde solía vivir con mis padres. El profesor me hizo dar vueltas por la piscina, a modo de calentamiento, y como el piso estaba mojado, me resbalé y caí al agua. Entre el chapoteo de otro grupo de niños, obviamente más avanzados que yo, y las risas y los gritos de una práctica habitual, nadie se percató del ruido que hice al caer. Me hundí, todo lo que veía a mi alrededor era agua, y como parte de un estúpido cliché, vi pasar frente a mis ojos toda mi corta vida de 12 años. Y luego me morí.

Para cuando el profesor se dio cuenta, ya era demasiado tarde, la vida ya me había abandonado. Presencié todo parada frente a mi cuerpo inerte, que yacía sobre el piso mugriento de la piscina local. Por supuesto nadie me vio, yo era sólo un punto del pasado atrapado en un bucle a temporal. Un recuerdo para mis padres, una tragedia para la alcaldía local, un mito para los niños que juegan a asustarse, y un espectro incorpóreo en un mundo invisible.

De este lado del velo vi todo lo que pasó después, el profesor que al darse cuenta de mi inminente muerte abandonó el lugar a todo correr, la llegado de la Semefo que retiró mi cuerpo en una bolsa negra, los policías de la ciudad que acordonaron el área para evitar los ojos morbosos. Por alguna razón no puedo, ni quiero abandonar este sitio, mi lugar de muerte es como un punto magnético al cual me encuentro atraída irremediablemente.

Me mantuve al pendiente de los avances de mi caso por medio del periódico del intendente. El profesor se había dado a la fuga en el momento en que supo que yo estaba muerta, tardaron al rededor de tres meses en encontrarlo. >> ENCUENTRAN AL MAESTRO PRÓFUGO: FAMILIARES LO ESCONDÍAN<< rezaba uno de los titulares. El juicio demoró cuatro meses, hasta que lo encontraron culpable con un cargo por homicidio doloso. El deportivo cerró unas semanas después, por disposición oficial, de todas formas ya nadie venía aquí.

El último periódico que vi, antes de que el intendente fuera despedido, hablaba de mis padres >>FAMILIA DE HANNA, LA NIÑA AHOGADA EN EL DEPORTIVO, LA DESPIDE CON EMOTIVO HOMENAJE<<, decía en una pequeña noticia. La comunidad empezaba a subsanar mi muerte, olvidándome.

Y es por eso que hoy, 22 años después, sigo siendo un punto ciego atrapado en un bucle de tiempo perpetuo. Doloso tormento del recuerdo de la niña que una vez fui, amargo sabor de la vida que una vez tuve, y que me abandonó aquella tarde de verano.

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