El tecolote

Juanito, se expone al peligro en su afán de lograr que su mamá enferma tenga una oportunidad de vivir. Él piensa que el tecolote es amigo de la muerte, por ello, se lanza a la aventura buscando a aquel mítico ser.

Por: Verónica Chávez Toscano

| Lunes 17 de octubre, 2022, Ciudad de México.

| Tiempo de lectura: 5 min.

Juanito se sentía sumamente confundido, no entendía del todo lo que estaba sucediendo, todo mundo cuchicheaba a su alrededor, pero a él nadie le decía nada, consideraban que era muy pequeño para enfrentarse a las cosas que les competen a los adultos.

Él sabía que, desde que su padre los había abandonado y se había ido a vivir con la comadre, su mami no había sido la misma, se encontraba siempre cansada y desganada, había días en que se iba con la tía Jacinta el día completo y regresaba siempre ojerosa y enferma. Pero ese día era diferente, su madre no se había levantado de la cama y la abuela y la tía andaban saliendo y entrando de la casa, nadie se fijaba en él. Sabía que algo pasaba a pesar de los intentos por ocultárselo.

Decidió estar atento a cualquier comentario que le pudiera dar un indicio y, esconderse detrás de un sofá resultó como esperaba…

—Ay, Jacinta, no sé qué sucederá con la Rosa, cada día está peor, desde que´l doctor le dijo su enfermedá, la veo cada día más mal.

—Sí, amá, ya ve que lo del Manuel pos no le ayudó, la deprimió.

—Ay mija, a mí me preocupa el Juanito, está re chiquito. El padre no creo que se preocupe por él.

—Si amá, y luego ya ve que la Chonita anda diciendo que ha escuchado cerca cantar a un tecolote, eso no me da buena espina…

Juanito, al escuchar que andaba rondando su casa esa ave de mal agüero, se preocupó, él bien sabía que cuando aparecía, alguien estaba destinado a morir. ¿Acaso su mamá estaba tan enferma? Pero, ¿Qué podía hacer?… Esa tarde su cabeza no paró de pensar, ¿y si ese pájaro conocía a la muerte? Tal vez en sus pláticas, ella le contaba a quién le tocaba irse y el muy chismoso se iba a asomar. “Sí, eso debe ser”, —pensaba muy convencido.

Entonces empezó a maquinar un plan para saber por quién venía la muerte, su táctica era seguir por todos lados al mentado tecolote, seguramente en una de esas lo pescaba hablando con la amiguita y, si venía por su mamá, hasta podría intentar negociar con ella, si un pájaro era capaz de ser su amigo, también él podría serlo.

Y así, cuando la luz del día comenzó a perecer, él tomó su abrigo, un bule[1] con tascalate[2], unos chimbos[3], una lámpara y la travesía inició. Salió de la pequeña casa de adobe a la orilla del río y comenzó su andar entre la vegetación y el fango, se detenía a observar con detenimiento cada árbol que encontraba, y mientras caminaba con determinación en la oscuridad, ponía oídos atentos para escuchar algún indicio de la presencia del objetivo. Y así anduvo caminando entre los aterradores ruidos del bosque, observando minuciosamente cada árbol y cada rama, hasta que, por fin, escuchó el canto tan anhelado. Se movió sigiloso intentando esconderse para poder acecharlo, no podía verlo, solo escuchaba su canto que lo iba guiando más y más lejos de casa. Iba tan atento mirando hacia la copa de los árboles que no se percató de que había un barranco de altura considerable y, cayó estrepitosamente…

Mientras tanto, su abuela lo buscaba para darle de cenar, y al no encontrarlo por la casa gritó con voz alterada.

—¡Jacinta, este muchacho no ha venido a cenar! Ve y dile que ya les diga adiós a los chamacos, es hora de que venga a dormir. 

Su hija, salió a buscarlo a casa de los vecinos, donde acostumbraban a reunirse los niños de la zona, y al poco rato regresó a toda prisa.


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—Amá, el Juanito no está ahí —dijo Jacinta muy mortificada.

—¡Como que no está ahí, anda, vamos a hablarle al Pancho para que lo busque! ¡Me va a oír ese chamaco nomás regrese!

Y en algún lugar lejano, Juanito abrió los ojos lentamente, estaba en una cama bastante mullida, calientito. Miró con espanto todo a su alrededor, las paredes, la decoración, y nada le era familiar. No podía moverse bien, estaba muy adolorido. A su lado estaba una mujer joven, de tez muy blanca y largo cabello obscuro, con un vestido blanco de algodón bordado, que lo miraba con dulzura. 

—¿Dónde estoy? —preguntó Juanito inseguro.

—No tengas miedo, el mozo te trajo porque te encontró lastimado, al parecer te habías caído. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Juanito, y usted, ¿cómo se llama?

—Todos por aquí me dicen la Güera, no te preocupes, el médico ya vino a verte, además la esposa del mozo tiene unos remedios naturales buenísimos que te ayudaron mucho.  Voy a traerte un caldito de pollo, para que comas.

Juanito se quedó solo en el cuarto. Este estaba inquieto, se levantó con dificultad de la cama y fue hacia el ventanal. Se llevó una no muy grata sorpresa cuando vio al tecolote muy cómodo en la rama de un árbol. Cuando la mujer regresó, le dijo indignado:

—¡Tú, tú eres a quien andaba buscando!

La mujer, sorprendida, responde:

—¿De qué hablas, Juanito?


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—El tecolote ese es tu amigo, tú eres la muerte y por eso el tecolote fue a mi casa —dice lleno de furia.

Ella, con tranquilidad, deja el plato y el vaso que le traía en el buró, se sienta a la orilla de la cama y, con paciencia, le invita a sentarse a su lado. Él acepta y se acerca a ella sigilosamente.

—Me parece que estas confundido, ¿por qué crees que el tecolote fue a tu casa?

—Todos saben que cuando hay un tecolote cerca alguien va a morir, y yo no quiero que mi mami se muera, ella está muy enferma —no puede contener la angustia y las lágrimas empiezan a fluir.

Ella con cariño le pasa el brazo por los hombros y le dice con mucha delicadeza:

—Mi niño, esas aves son animales sabios, ellos nunca anuncian la muerte, sino que algunas veces vienen a acompañar a las almas de los enfermos para que no se sientan tan solas y darles fuerza.  Lo cual no quiere decir que esa alma solitaria vaya a dejar este mundo, a veces la compañía del tecolote les da fuerza para sanar y seguir su camino.

—¿Entonces mi mami no va a morir?

—Eso no podemos saberlo, nadie puede predecir la muerte, pero lo que sí te puedo asegurar es que ella no estará sola, en cualquiera que sea su camino, siempre la acompañará y la protegerá el tecolote, así que, si lo ves, recíbelo con alegría, ya que estará cuidando de ti y de tu familia.  Ahora es momento que regreses a tu casa, seguramente estarán muy preocupados por ti…

—¡Juanitooo, Juanitooo! —se escuchaba la voz de Pancho y dos amigos del pueblo mientras lo buscaban por la maleza. De pronto escucharon el ladrido de los perros indicando que lo habían encontrado.  Pancho se asomó al acantilado y lo vio tirado.  Comenzaron el rescate sacando su cuerpo magullado y lo llevaron rápido a casa, donde lo atendió el médico del pueblo.

Juanito despertó en su cama, no sabía que estaba pasando, vio a su abuela que, al verlo abrir los ojos, lo abrazó llorando. Mientras disfrutaba estar en casa y el cálido abrazo de su abuela, escuchó afuera de su pequeña habitación los típicos rezos de un velorio. Sintió que el corazón se le salía, se soltó desesperado y corrió hacia el lugar donde se escuchaban, y al llegar, entre la gente, vio a la Güera al lado de un ataúd y gritó desde lo más profundo de su ser.

—Noooo, ¿Por qué? ¿Por qué? —su llanto desgarrador se escuchaba y mientras corría al ataúd, sintió en sus hombros unas manos cálidas que lo detenían, él cabizbajo, se dejó abrazar y consolar. 

—¿Qué pasa, Juanito? —al escuchar la voz, él abrió los ojos muy grandes y volteó hacia arriba, ¡era su mami!, al darse cuenta, él la abrazó con todas sus fuerzas.

—Pero entonces, ¿quién está ahí? —preguntó extrañado señalando al ataúd.

—Juanito, es la comadre Socorro, partió al cielo anoche y la estamos despidiendo.

En ese momento, rápidamente su mirada buscó a la Güera, preguntandose qué había ocurrido, la vio retirarse del lugar mientras lo miraba y le dedicaba un guiño y una rápida sonrisa con un halo de ternura y complicidad. Juanito en ese momento supo que el tecolote efectivamente era amigo de la Güera, sin embargo, ¿Quien era la Guera?

[1] Vasija hecha del fruto del bule, ya seco. Sirve como contenedor de agua y otros líquidos.

[2] Tascalate o Taxcalate es una bebida preparada a base de maíz, tradicional del estado de Chiapas, México.

[3] Pan dulce típico del estado de Chiapas, México.

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