2017: Una multitud sacudida por la empatía de su pueblo

Una tarde de septiembre de 2017, la vida de millones de personas cambió. Aún así, se relata que «una ciudad cayó, pero en cuestión de horas, se levantó».

Por: Carolina Medina Hernández // @_carolmed

| Lunes 19 de septiembre, 2022, Culiacán, Sinaloa.

| Tiempo de lectura: 4 min.

Sismo del 19 de septiembre 2017. Foto: © Oswaldo Ramírez

Nota: El siguiente relato está basado en las experiencias del voluntario Abraham Antonio M, residente en la Ciudad de México. Actualmente, Abraham se encuentra a punto de recibirse como Fisioterapeuta de la Escuela Superior de Fisioterapia y Rehabilitación (ESFRE).

La vida de un voluntario en la brigada de protección civil tomó un giro de 180 grados, junto con la unión de otros voluntarios que atendieron al llamado de una Ciudad que necesitaba rescate.

Las calles de la Ciudad de México se veían inundadas por el pánico, el dolor y el miedo. Todo este tumulto de emociones fue incrementando a medida que pasaban las horas. El día empezaba tranquilo, pero nadie se imaginaba lo que acontecería pronto. Toda comunicación cayó, los hogares se quedaron sin luz, sin recepción telefónica ni internet. Fue difícil, porque las personas no tenían cómo comunicarse con sus seres queridos.


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Sismo del 19 de septiembre 2017. Edificio de la calle Petén y Emiliano Zapata, en la colonia Santa Cruz Atoyac. Foto: © Oswaldo Ramírez

Aproximadamente a las 14:30 horas, fue cuando comenzaron a empeorar las cosas. Muchas zonas de la ciudad se vieron afectadas, hubo escombros por todas partes y la vida de muchos civiles estaban en peligro. Cabe destacar que, los afortunados eran aquellos que todavía tuvieron techo sobre sus cabezas.

Entre las 14:30 y 15:30 horas no sucedieron cosas fuera de lo normal, las personas salían afuera de su casa para verificar si otros vecinos tenían luz. El ambiente en las calles era intimidante, de horror, pánico y llanto. El asunto comenzó a intensificarse cuando llegaron a la parte del centro. Habían cristales rotos por todas partes, postes agrietados, calles cerradas y un transformador eléctrico derribado.

En medio de la escena, los medios estaban que explotaban de noticias e información. Las redes sociales estaban desplomadas de fotos, vídeos y estados en redes sociales. Por todas partes se escuchaban gritos de ayuda y escándalo. Ese día, y todos los siguientes días, protección civil, brigadistas y voluntarios, extendieron una mano de ayuda a todos los necesitados.

«De momento, parecía ser que la Colonia Roma, el Centro Histórico, Xóchimilco y otros lugares, eran los más afectados. Se veían vídeos de cómo los edificios se balanceaban como naipes apilados…», comentó Abraham.

Sismo del 19 de septiembre 2017. Edificio de la calle Petén y Emiliano Zapata, en la colonia Santa Cruz Atoyac. Foto: © Oswaldo Ramírez

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Al ver el panorama resultaba inverosímil. Era imposible ver la escena y creer que era una realidad. Como tal, no hubo otra sacudida y el miedo invadía los corazones con miedo y tensión. Las escuelas estaban resguardando a los niños, los adultos fueron echados de sus trabajos, las calles estaban inundadas de escombros y edificios demolidos por el sismo.

Lo único en que se podía pensar era en la familia, amigos y seres queridos, pero vivir con este sentimiento fue una tortura convertida en horas. El hecho de preocuparse por la ciudadanía obligó al gobierno a tomar el control, sumándose a la acción, en cuanto más junto a protección civil, brigadistas, bomberos, rescatistas y voluntarios, trabajaron esmeradamente para ayudar a los afectados.

Una ola de silencio, manos que se levantaron para escuchar

Sismo del 19 de septiembre 2017. Conjunto Urbano Tlalpan. Foto: © Oswaldo Ramírez

Aproximadamente para las 22:00 horas de la noche, la población mexicana del centro, se colocó manos a la obra y empezaron las campañas de primeros auxilios, víveres, alojamiento y centros de acopio. La situación no se veía que fuera a mejorar de inmediato, pero con empatía y esperanza, el valor iba marchando por las calles.

Sismo del 19 de septiembre 2017. Foto: © Oswaldo Ramírez

La madrugada del 20 de septiembre se vio afectada por el desastre causado de la tarde del día anterior. La población colaboró en equipo con Protección Civil, en compañía de sus brigadistas y voluntarios. Esa noche nadie durmió, miles de brigadistas y voluntarios trabajaron en el rescate de civiles atrapados en los escombros.

Toda la noche hubo una descarga de camiones con víveres, herramientas y agua para los más afectados. La comunidad cooperó, a fin de salvar más vidas y sustentar los daños.

La Ciudad de México nunca volvió a ser la misma. Pero según narran, la gran ciudad cayó, pero se levantó al grito de guerra. Este fue el hecho de una prueba viviente que, cuando una población trabaja por sí misma, por conseguir su supervivencia, los problemas se pueden enfrentar y hacen que puedan salir hacia adelante.

Comprometido a servir y ayudar a las personas que han tenido algún incidente físico para que puedan mejorar su calidad de vida, Abraham se ha sumado al voluntariado de la Cruz Roja Mexicana y gracias a ello, decidió contar desde su propia voz, la experiencia que le marcó para siempre.

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