Sismo de 1985, el recuento de una catástrofe

El terremoto de 1985 fue considerado uno de los más catastróficos para el país, con un alto costo en daños materiales, económicos y de vidas humanas. Sin embargo, nos ha dejado por delante un aprendizaje y un gran reto en materia de prevención.

Por: Miguel Mariscal.

| Sábado 17 de septiembre, 2022, Guadalajara, Jalisco.

| Tiempo de lectura: 6 min.

Imagen tomada de El País.

Este 2022 se cumplirán treinta siete años del sismo de 1985 y cinco años del sismo ocurrido en 2017, ambos en la misma fecha: 19 de septiembre, pero con una magnitud diferente; el primero, de 8.1 grados Richter (sólo superado por el 8.4 del 3 de junio de 1932 en las costas de Jalisco y colima, el mayor del siglo XX); y el segundo, de 7.1 grados. Aun así, ambos devastadores para la ciudad de México.

Contexto

México es un país de sismos. La historia nos recuerda por ejemplo que, en el siglo XIX hubo dos grandes terremotos de considerable magnitud. El primero en 1845 con una escala de 8 grados Richter. Posteriormente, en la época de la reforma en 1858, hubo otro sismo de magnitud 9 con una duración de casi 6 minutos, mismo que arrasó por completo con Texcoco, siendo éste el primer gran sismo del que se tenga registro en México.

Ya entrado el siglo XX, tres terremotos se han considerado de consecuencias drásticas que asolaron la capital mexicana antes de abordar el de 1985. El primero fue en 1911, y se le conoce como el temblor maderista, por haber ocurrido el día en que Francisco I. Madero entró a la Ciudad de México, en la etapa inicial de la Revolución Mexicana. El segundo fue en 1932, con una magnitud de 8.4, siendo su epicentro las costas de Colima y Jalisco, causando estragos en la capital del país. Por último, el terremoto de 1957 llamado el sismo del Ángel, por haber derribado el Ángel de la Independencia, fue un sismo de 7.5 de magnitud. Claro está que todos fueron de consecuencias trágicas para la ciudad.


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El minuto cero

Jueves 19 de septiembre de 1985. Aproximadamente a las 7:00 horas, entre sueños todavía, escucho el ajetreo de mi madre preparando el desayuno, no hago caso y me tiro otra vez al sueño; y, como alejándome de la realidad, muy apenas escucho sus movimientos en la casa.

7:19 horas: Siento un tirón por la espalda, seguro es ella que casi me tira de la cama para despertarme antes de ir a trabajar y darme el desayuno. Por supuesto, no fue ella. La cama se balancea, la puerta empieza a retumbar. Escucho un alboroto, abro los ojos y sin pensarlo corro al patio donde ya estaban mis hermanos, nos percatamos que estaba temblando. Todo seguía moviéndose. Lo que nos preocupaba era que esa vieja casa de adobe con vigas de madera se nos viniera abajo. No pasó así. Sólo fue el susto.

Acá en Guadalajara los daños fueron menores, tal vez una barda o algún espectacular sin mayores consecuencias que el mero susto de experimentar un sismo de gran magnitud.

El gobierno del estado de Jalisco informó que sólo dos municipios fueron afectados: Ciudad Guzmán y Gómez Farías, varios muertos, muchos heridos y daños materiales de consideración. Tomando en cuenta que esos dos municipios forman parte del Eje Volcánico Transversal que va de Veracruz hasta las costas de Jalisco. Además de ser dos ciudades rodeadas tanto por el Volcán como el Nevado de Colima.

Desde acá, supimos de los daños materiales que directamente afectaron al Centro histórico de la Ciudad de México, como el derrumbe del Hotel Regis, el Centro Médico, el Hotel del Prado, el Hotel Versalles, el Superleche, los Multifamiliares Juárez, el edificio Nuevo León, varias Secretarías y otros edificios de gobierno, además las construcciones de Tlatelolco, la colonia Roma, la Juárez, Tepito y la Guerrero.

También fuimos testigos a distancia cuando el noticiero de televisión Hoy mismo del canal 2 de Televisa Chapultepec se derrumbaba en plena trasmisión.  De la misma manera la sede de Radio Fórmula que se encontraba en Insurgentes y Álvaro Obregón se vino abajo, terminando con la vida de varios locutores como Sergio Rod y Gustavo Calderón, conductores matutinos de la XEAI-AM.


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Víctimas mortales

Imagen tomada del periódico El Economista.

Hasta el día de hoy no se sabe con exactitud cuántas personas murieron en esa fecha; el gobierno reconoció que fueron entre seis y siete mil personas; sin embargo, organizaciones de damnificados calcularon la cifra de los fallecidos en 35 mil.

Según un estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), John Gavin, embajador de Estados Unidos en México sugirió la cifra de 20 mil muertos., mientras que la Agencia France-Presse (AFP) refirió una cifra de entre 10 mil y 30 mil muertos. Y el Servicio Sismológico Nacional subrayó que hubo 40 mil muertos y alrededor de 4 mil personas rescatadas de los escombros.

La Comisión Económica para América Latina (CEPAL) contabilizó cerca de 26 mil muertos; dicho organismo mencionó además que, el terremoto puso en evidencia las carencias en los sistemas institucionales de atención a emergencias, lo que condujo a su revisión. Así podemos ver que no hay un cálculo que nos muestre una cifra concreta.

Un sismo de alto costo

Los desastres naturales no sólo tienen un efecto devastador sobre la infraestructura física y vidas humanas, sino además dejan tras sí una larga penuria económica por solventar.

El terremoto del 85 tuvo lugar en el mandato de Miguel de la Madrid, período que ya venía arrastrando un estancamiento económico, una deuda externa, una inflación y un desempleo con dígitos alarmantes; un debilitamiento de las finanzas públicas, caída de la inversión pública y privada, así como de los salarios y un aumento en el desempleo y una extensa fuga de capitales.

Según estimaciones de la CEPAL el terremoto contribuyó de manera significativa a la desaceleración económica de la segunda mitad de 1985 lugar que dio a la precipitación de la crisis económica del siguiente año.

Las pérdidas económicas derivadas del terremoto fueron de las más importantes en la historia económica del país, puesto que representaron el 2,1% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y el 9,9% del PIB de la ciudad de México. Otro dato, el PIB llevaba un crecimiento de 3.6 % antes del temblor, para finales del año, se redujo a 2.6%. Toda una situación difícil para un país que estaba buscando salir de la crisis, tan así que, en 1983, de la Madrid había firmado el Programa de Recuperación Económica Inmediata, que no era otra cosa que recuperar el déficit tanto público como externo.

Ante este panorama económico hay que agregar otro factor que contribuyó al costo financiero: la corrupción y la mala planificación urbana. Los especialistas al momento de evaluar dictaminaron que la mayoría de edificios destruidos tenían irregularidades en su construcción. El factor de prebendas, cambios de uso de suelo, construcciones de baja calidad y demás, magnificaron la tragedia.

Una conciencia de riesgo

A consecuencia de los sismos en 1986, se constituyó el Sistema Nacional de Protección Civil, de índole multisectorial. También se implantaron nuevas medidas locales preventivas, como la revisión de los reglamentos de construcción y se creó el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) con fines sobre todo de investigación.

Fue un beneficio para el país y, Jalisco directamente, fue que los volcanes Popocatépetl y de Colima son ahora objeto de monitoreo permanente, acción que ha permitido operar sistemas de alerta oportuna.


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Otro factor importante fue la participación solidaria de la ciudadanía en casos de situaciones de riego, el descontrol en el preciso momento del sismo, la falta de vinculación de autoridades hizo que la misma ciudadanía tomara el control de rescate. Hubo cientos de voluntarios en fila india removiendo el escombro y recuperando cuerpos, así como sobrevivientes.

El ejemplo claro lo vimos con la Brigada de Rescate los Topos, «El gobierno fue rebasado, tuvimos que organizarnos nosotros mismos. Cuando la gente comenzó a ver que este pequeño grupo estaba sacando a la gente de los escombros empezaron a llamarnos los topos. Éramos los únicos que estábamos dispuestos a actuar en situaciones de riesgo», así lo describió Eduardo Acevedo, uno de los rescatistas iniciadores del grupo.

Como vemos, el terremoto de 1985 fue un parteaguas para la vida de los mexicanos, un despertar en la conciencia de la ciudadanía sobre la importancia en la disminución de riesgo a través de una cultura de protocolos tanto en edificios públicos, escuelas y hogares.

La sociedad espera lo mismo de nuestras autoridades, la vigilancia y cumplimiento de nuevos reglamentos y ordenamientos de construcción, no sólo en la ciudad de México, sino en todo el país; un riguroso control en la supervisión y autorización de nuevas obras, mismas que den la pauta y facilidad al desalojo y evacuación en momentos críticos.

Por supuesto que falta trabajar más como sociedad y gobierno en diversos temas de protección y prevención, que conformen una cadena de valor tanto vertical como horizontal bien estructurada. Aunque nunca se está lo suficientemente preparado para los desastres naturales, pero el tomar conciencia, dar los primeros pasos y el hacer las cosas de manera eficiente, marcará la diferencia.

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