¿Por qué la alarma sísmica nos produce tanto miedo?

Es claro lo que la alarma sísmica nos indica cuando se hace presente, ¡un temblor inminente! pero quizás lo que no sabías es que detrás de la reacción a este sonido existe un fenómeno psicológico llamado “condicionamiento”, pero ¿qué es esto del condicionamiento?

Por: Isaac Chavez

| Jueves 8 de septiembre, 2022, Ciudad de México.

| Tiempo de lectura: 9 min.

Imagen del portal BBC noticias.

El 19 de septiembre de 1985, a las 7:17 am, México fue azotado por un terremoto de magnitud 8.1 en la escala de Richter, el cual no solo dejó derrumbes y grietas en el asfalto del país, sino que también derrumbó por algunos momentos la esperanza mexicana y dejó grietas en el alma de la gente. Por esto, en 1989 se comenzó a desarrollar el Sistema de Alerta Sísmica de la Ciudad de México (SAS) ésto, con la intención de poder prevenir los movimientos telúricos por unos cuantos segundos y así poder salvar más vidas. Sin embargo, este exitoso sistema de alarma, junto con el antecedente del terremoto del 85, condicionó para siempre a los mexicanos a sentir miedo al escuchar el famoso sonido ¿Qué quiere decir que estamos condicionados?

Conductismo psicológico

El conductismo es una corriente psicológica que sostiene bajo el marco del método científico, que existe una amplia relación entre la conducta y el aprendizaje de lo que nos rodea. En esta rama no se muestran los procesos mentales por los cuales pasamos para que se dé una determinada conducta. Su objetividad se basa en la apreciación de la repetición de la conducta observable, es decir, el cómo reaccionamos de cierta manera ante ciertos estímulos.

El psicólogo estadounidense John Broadus Watson es el pionero del conductismo, pues con él surgió, de una manera muy polémica, el primer condicionamiento con su experimento «El pequeño Albert». El pequeño Albert fue el hijo de Watson, y el experimento que este hizo con su hijo fue que, al niño se le presentaba una rata blanca, pero al momento de hacerlo, Watson golpeaba la mesa fuertemente con un martillo, lo que sobresaltaba al pequeño Albert. Con el paso del tiempo, Albert ya mostraba miedo y agitación con tan solo ver a la rata blanca, todo esto para que Watson pusiera a prueba de forma práctica sus investigaciones sobre el condicionamiento infantil y la adquisición de miedos irracionales.

Sin embargo, tiempo después, llegarían dos personajes más para ampliar el concepto de conductismo, haciendo que éste se dividiera en dos variantes: uno, en el condicionamiento clásico y dos, el condicionamiento operante.

Condicionamiento clásico

El padre del condicionamiento clásico fue el fisiólogo ruso Iván Pávlov, allá a principios del siglo XX. Pávlov hizo uno de los experimentos mas famosos dentro de la psicología, el experimento de los perros, mismo que le ayudaría a desarrollar su postulado. Dicho experimento tuvo tres ingredientes principales, un perro, una campana y comida para el perro.

Primero, Pávlov hacía sonar la campana enfrente del perro, lo cual no causaba ninguna reacción particular en él. Acto seguido, se retiraba la campana y se le mostraba al perro el plato de comida, lo que hacía que el peludo amigo comenzara a salivar. Después de esto, Pávlov hacia sonar la campana y enseguida le enseñaba la comida al perro, esto en repetidas ocasiones, a lo cual, después de un tiempo, sin enseñar el plato de comida, el perro empezaba a salivar solo con escuchar el tintineo de la campana. A esto se le denominó condicionamiento clásico, el cual describe la relación entre estimulo y respuesta. Así pues, podemos decir que la alarma sísmica equivale a la campana, la salivación a nuestro miedo y el perro a nosotros.

Condicionamiento operante

Por otro lado, tenemos a Burrhus Frederic Skinner, un psicólogo y filósofo estadounidense que a mediados del siglo XX hizo otra revolución dentro de la psicología con su famoso condicionamiento operante. Con la existencia del condicionamiento clásico supimos que podemos condicionar nuestras conductas, sin embargo, Skinner se hizo la pregunta de: «Si podemos condicionar nuestra conducta a algo, ¿también podremos quitar esos mismos condicionantes?», lo que lo llevó a hacer la famosa «Caja de Skinner» donde llevo a cabo el siguiente experimento:

En una jaula que el mismo creó, metió a un ratón; pero esta jaula contaba con un pedal, el cual, el ratón presionaba en su búsqueda de comida cuando tenía hambre. Cuando el ratón ejecutaba esta acción, Skinner le recompensaba con un trozo de comida, a este trozo de comida él le llamo «reforzador» por lo que el ratón, al paso del tiempo, sabía que si presionaba el pedal, le darían comida. Hasta aquí aún se considera condicionamiento clásico, pero Skinner va mas allá cuando quita este condicionamiento de la siguiente manera:

Al ya estar condicionado el ratón, en su búsqueda por comida, presiona de nuevo el pedal con el afán de que se le entregue la comida, pero en esta ocasión Skinner cambio el reforzador a no darle nada. Con esta acción, conforme pasaba el tiempo, el ratón presionaba cada vez menos el pedal, hasta que se llegó a la extinción de la conducta. Asimismo, Skinner introdujo otro concepto a esta dinámica: el del castigo. Y esta sería, por ejemplo, si el ratón de Skinner pisara el pedal y al hacerlo le diera toques eléctricos, en este caso, los toques eléctricos ya no serían un reforzador, sino un castigo.

Con el caso de la alarma sísmica y los sismos, nuestro reforzador al condicionamiento sería el miedo a la pérdida de nuestros vienes, o peor aún, de nuestra propia vida.

Esto al verlo repetido en varios años, sería un reforzador negativo, no por lo negativo de la situación, sino negativo en el sentido de que se refuerza la conducta al quitarse algo. Un reforzamiento positivo, sería agregarle algo para que se repita la conducta; por ejemplo, si a un niño que se come toda su comida se le da un postre como premio, es un reforzador positivo, por otro lado, a otro niño que de igual manera come bien y en lugar de darle un postre, se le quita el castigo de no jugar videojuegos, de igual forma se promueve la repetición de la conducta, pero en este segundo caso estamos hablando de un reforzamiento negativo.

¿Cómo se ve esto en una situación real?

Estás en tu trabajo o escuela haciendo tus deberes, todo parece marchar con normalidad cuando de repente escuchas una alarma sonar por toda la ciudad. Su sonido es inconfundible, sabes lo que sucederá cuando ella se hace presente. Sales de donde estabas y te colocas en el punto de reunión correspondiente mientras el sonido sigue abrazando tu miedo con el aire. Te preparas, afianzas tus pies en el suelo y… no pasa nada, el temblor no se sintió. Tras unos meses, otra alarma se escucha, pero tú ya no te asustas, porque la ultima vez no se sintió nada a pesar de la advertencia y aun así sigues el protocolo. El miedo es mucho menor o incluso inexistente en ti cuando de repente la tierra se empieza a mover, esta vez la tierra no fue piadosa y comienzas a observar cómo el edificio donde te encontrabas se derrumba a pedazos dejando atrapados a compañeros tuyos que no quisieron salir, pues el ultimo temblor no se sintió. Ves la fecha y es el mes de septiembre, ves el día y justo es un diecinueve, tal como el infame terremoto del ochentaicinco, se queda en tu cabeza esta fecha, este mes y todo lo vivido. Tras unos años, al escuchar de nuevo la alarma sísmica, no importa nada, tu mente recuerda y no importa si hay movimiento o no, pero el simple hecho de escuchar ese sonido hace que el miedo se haga presente.

Por esto es que nos da miedo la alarma sísmica desde el punto de vista de la psicología cognitiva conductual.

Referencias:

  • Gutiérrez, F. (2005). Teorías del desarrollo Cognitivo. España. McGRAW-HILL.

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