Detrás de la ventana

Abro la ventana corrediza para dejar entrar algo del aire fresco de la noche, necesito calmarme y volver a la realidad, no existen los monstruos detrás de la ventana…o si?

Por: Aura Vilchis // @aura_vilchiss

| Viernes 19 de agosto, 2022, Ciudad de México.

| Tiempo de lectura: 5 min.

Odio esa maldita ventana, la que está junto al pasillo saliendo de la recámara, o bueno, no es la ventana lo que odio, es asomarme afuera, a ese gran cubo de luz, con las paredes desteñidas, las líneas de humedad por donde corre el agua cada vez que llueve, que va formando caminos de moho y suciedad. No tengo idea de por qué me sudan las manos y se me oprime el pecho cada vez que corro las cortinas para que entre algo de luz al apartamento. Es como si esperará que «algo» o, quizás, «alguien» apareciera justo ahí para matarme de un susto.

Ahora prefiero no abrir las cortinas jamás, si es un día nublado enciendo la luz y listo, pero desde que tuve aquel sueño en el que me veía a mí misma cayendo por el hueco de la ventana, mi ansiedad sube a niveles catastróficos incluso al pasar junto a ella.

Duermo en el sofá, con la cabeza lo más lejos posible del corredor, mis sueños son inquietos…Me despierto con el sudor cubriéndome el rostro, me duele la cabeza, creo que eso es lo que me ha despertado. Estiro mi cuello, apago la luz para ir directo hacia mi habitación y dormir más cómodamente. Estoy por dar un paso hacia el corredor, cuando la omnisciente ansiedad se activa. Me paralizo por un momento, y digo en mi fuero interno que tan sólo es un miedo irracional.


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Estoy a medio paso cuando escucho un sonido que viene de la ventana. ¿Qué fue eso? ¿Un crujido, un arañazo, un golpe? Cada músculo de mi cuerpo se rehúsa a moverse, espero, para ver si se vuelve a escuchar «ese» sonido. Nada. Quizás no fue nada…

Doy un paso y ahí está de nuevo, ha sido sutil, pero lo escucho, creo que es un golpeteo en la ventana. No me lo creo. Pero para terminar con mi incredulidad suena de nuevo, tres golpeteos en el cristal, deliberadamente lentos.

Mis ojos se abren de par en par, me sudan las manos y el corazón está a punto de salirse de mi pecho, el golpeteo suena de nuevo, 1… 2… 3, despacio, y de nuevo 1…2…3… los golpes son más fuerte, retumba el cristal. Y entonces los golpeteos se tornan más rápidos y violentos, 1,2,3…1,2,3…1,2,3.

El sonido es horrible, lo único que pienso hacer es en cubrir mis orejas, cierro mis ojos y comienzan a brotar lágrimas de miedo. Pasan los minutos y el golpeteo para, abro los ojos y nada, me descubro las orejas y hay un silencio total.


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Intento calmar mi corazón que va a mil por hora, ha sido una alucinación, quizás provocada por mi insomnio recurrente. Enciendo todas las luces, me armo de valor y aunque siento que me puedo morir, camino hacia la ventana y de un tirón abro las cortinas. ¡Puta madre! Me he asustado con mi propio reflejo. Fuera no hay nada, sólo una total y abrumadora oscuridad, y las gotas que caen, ha comenzado a llover… Pensándolo bien, seguramente, eso es lo que escuché.

Abro la ventana corrediza para dejar entrar algo del aire fresco de la noche, necesito calmarme y volver a la realidad, no existen los monstruos detrás de la ventana.

A penas cruza por mi cabeza la idea de encender un cigarrillo cuando siento «algo» (o «alguien») húmedo y frío tocar suavemente mis brazos. Un par de manos huesudas, largas, pútridas y sobrehumanas me toman de los brazos. Lucho para zafarme, pero la fuerza que tiene es demencial, mi cuerpo comienza a ser levantado del piso, y la insidiosa oscuridad del vacío comienza a tragarme. Siento que la lluvia me moja el cabello, estoy luchando, pero la mitad de mi cuerpo ya está afuera, veo mi propio rostro al final de los brazos que me jalan hacia mi muerte, y el resto de mi cordura se hunde en el vacío junto con mi cuerpo, que cae, cae y cae… y yace roto y moribundo en el piso.

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