Envejecimiento de la población: un panorama nada alentador

El porcentaje de ancianos de la población mexicana ha ido aumentando en los últimos 50 años, hacia dónde se dirige la vejez, qué rumbo tomará la sociedad y qué políticas adoptarán nuestros gobiernos ante dicho fenómeno.

Por: Miguel Mariscal

| Miércoles 10 de agosto, 2022, Guadalajara, Jalisco

| Tiempo de lectura: 5 min.

Photo by Mauricio Artieda on Pexels.com

Según el Instituto Nacional de Estadísticas Geografía e Informática (INEGI), en su base de datos duros del censo del 2020, nos dice que cada vez somos más, pero, también más longevos, ya que la esperanza de vida es de casi 80 años. Aunque somos más, la tasa de crecimiento promedio de la población mexicana inició su descenso a partir de la década de los setenta, cuando registró su mayor porcentaje del 3.4 %, así hasta llegar al 1,2% aproximadamente para el 2020.  Es decir, por primera vez en 50 años se ha mantenido una tasa a la baja, disminuyendo el promedio paulatinamente.  

De acuerdo a los grupos de edad, la población joven sigue siendo la mayoría. Sin embargo, la balanza se va inclinando a los de mayor edad. Según la institución “En el 2000, 61% de la población tenía menos de 30 años, ahora este grupo es de 50%. En el otro extremo, los mayores de 60 años para el 2000 eran sólo 7%, para el 2020, exceden el 12% (…) No quiere decir que seamos un país de personas mayores, pero sí que hay una mayor proporción de esta población”. Si se proyecta este grupo poblacional para las siguientes décadas, la población adulta tenderá a formar uno de los picos más alto de la curva respecto a la población menor de 15 años. Una desproporción bastante considerable, si tomamos en cuenta el factor esperanza de vida, la cual es un logro positivo, pero podría convertirse en un crecimiento proporcionalmente marginal.

Otro factor estadístico que nos muestra cómo el crecimiento de la población adulta se ha ido incrementando con los años es la Tasa de Fecundidad, es decir, el número de hijos promedio que una mujer puede tener en edad de procreación. Dicha tasa es cada vez menor. Las estadísticas nos dicen que para 1960 el promedio era de 7 hijos, para el 2020 bajó a sólo tres hijos en promedio. 

El panorama no es nada alentador. Incluso si se toma en cuenta que el proceso de envejecimiento no es homogéneo, ya que no son las mismas condiciones socioeconómicas, ni los mismos privilegios para los individuos de este grupo de población. Esto conlleva una diferenciación en el nivel de dependencia. Incluso es un hecho el aumento de atención por parte de terceros a cuidar a los ancianos por las secuelas de la edad como enfermedades, discapacidades, pérdida de autonomía y otras tantas.


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Photo by SHVETS production // Las personas que están afiliadas a instituciones de seguridad social o tiene acceso a los servicios de salud.

El panorama tiene un rumbo muy turbio en materia de salud, aunada a ésta se agrega el tema de la derechohabiencia, entendido como “las personas que están afiliadas a instituciones de seguridad social o tiene acceso a los servicios de salud” que, según el INEGI, en su conteo de Población y Vivienda 2005, sólo el 55.6% de los mayores de 60 años tienen una cobertura. Las evidencias son claras, más de la población envejecida no cuenta con cobertura suficiente, tomando en cuenta como lo mencionamos, el deterioro natural del cuerpo por la edad.

George Steiner apunta, “El imperio de nuestros científicos ha sido capaz de prolongar la vida, pero apenas han conseguido simular las repugnantes miserias de la vejez”. Cierto es que la sociedad actual está estructurada por y para los jóvenes, tanto en el ámbito laboral, social y económico con base en un esquema neoliberal tan devorador como el actual. No por algo el sociólogo Bauman lo llama una sociedad líquida: sistema cada vez más volátil, mercantil, superfluo, sin bases sólidas.

Por supuesto la vejez no es una elección, es un proceso natural, pero hoy se ha convertido en un punto de alerta. Por un lado en lo económico, si se revisan las condiciones en los esquemas de jubilación, todos los cambios legales que ha tenido dicho esquema, se observa que cada vez es más complicado llegar a esta etapa laboral.

De más está hablar de un bienestar para el futuro. Aunque han existido programas gubernamentales para apoyar este sector de la población como en su tiempo fue el “70 y más” de la antigua Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), hoy la Secretaría de Bienestar de México, cubre de alguna manera como un paliativo la escasez con ayuda económica a los que han llegado a los 65 años; sin embargo, estos programas no han sido suficiente, hace falta mucho por hacer en materia de políticas públicas.

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Por otro lado, la misma sociedad ha ido relegando a sus ancianos al enclaustramiento o peor aún, al abandono en los asilos -semejantes a aquellos guetos alemanes, o como las reservaciones indias americanas-; además de apartarlos, estigmatizarlos de chochos, decrépitos, rabiosos e ideáticos. Conceptos cuanto más que la misma sociedad va adoptando, y a la vez creando un panorama cada vez más adverso.

Sin embargo, puede haber un horizonte con mayores perspectivas, por ejemplo, en un esfuerzo conjunto de aprovechar las ventajas competitivas que puede ofrecer la edad, otra alternativa sería una ocupación en actividades creativas y productivas -además de actividades intelectuales-, incorporándolos al mercado laboral remunerado, rompiendo ese paradigma de debilidad e incompetencia. Incluso restructurar los sistemas de jubilación.

Pueblos antiguos señalaron un camino hoy ya extraviado, cuando veneraban a sus ancianos, cuando alrededor de él se juntaban para pedir consejo, orientación con sabiduría en la toma de decisiones. En la literatura ejemplos tenemos muchos: ancianos patriarcas, reyes, líderes o sacerdotes.

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Leyendo a José Joaquín Blanco, sobre la vejez del poeta Carlos Pellicer, me dio un giro total al acercarme acertadamente al concepto de la otra vejez,  es decir, aquellos hombres que se sobrepusieron a la senilización desdichada que el mismo sistema ha impuesto como collarín. Hombres con tenacidad que demostraron la estabilidad  sobreponiéndose metas de vida. Aquí un poema hermoso muy ad hoc de Carlos Pellicer, escrito a sus setenta y tantos años de edad:

Camino firme
y con la cabeza
hermosamente en su lugar.
Trátese del mar o del cielo,
llevo siempre la cabeza en su lugar.
Al encender el día,
mis manos esconden
lo que de estrella haya tenido mi sueño.
y la vellosidad
de mi pecho y de mi vientre,
indican la orientación del viento.
Mi sexo es fruto variable
de las órdenes del día y la hechura de mis piernas
es cosa habida en la montaña.
Siempre mi boca
anda por mis ojos.
Mi voz es la del viento por los árboles.
Acto de presencia al mediodía,
y a espaldas de la tarde,
me llevo lo que puedo
para esperar la noche.

Como sociedad tenemos un gran reto por delante a favor de un envejecimiento con dignidad, desde una perspectiva social e individual. Un cambio de mentalidad a partir de la concientización y por ende con la creación de políticas públicas no de sexenio o partidista sino de largo plazo como esta creciente realidad que pasa y lo hace minando la existencia natural de los hombres. 

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