Queerbaiting, el arcoiris que no incomoda

Queerbaiting es un término inglés que nace de la unión de las palabras «queer» (personas del colectivo LGBTA+) y «bait» (señuelo, carnada, cebo); con este término se señalan estrategias deshonestas con las que se atrae a la comunidad.

Por: Nayeli García. R.

| Miércoles 8 de junio, 2022, Estado de México.

| Tiempo de lectura: 5 min.

Bella Hadid y Lil Miquela, quienes protagonizaron una polémica por queerbaiting luego de la campaña «I Speak My Truth», por la que Calvin Klein pidió disculpas.

El término queerbaiting es un anglicismo que en español se conoce como Reclamo LGBT o cebo queer y se refiere a una estrategia de mercadotecnia usada para atraer a la audiencia del colectivo por medio de una representación no concretada o muy restringida, es decir, cuando una empresa intenta vender inclusión que no existe. Su incidencia en la cultura no sólo genera incógnitas sobre cómo se realiza una buena representación, también nos hace preguntarnos por qué se necesita una.

El queerbaiting puede encontrarse en series, películas y libros cuando se insinúa una relación homosexual que nunca llega a ser canónica o cuando se incluye a un miembro del colectivo, pero no se le otorga un peso en la trama más allá de su sexualidad. Uno de los ejemplos más populares es la serie Sherlock en la versión de BBC, donde Sherlock y Watson están constantemente envueltos por una tensión que insinúa una relación que va más allá de la amistad, pero ninguno de los dos se asume gay o bisexual y no existe un romance canónico de por medio.

El queerbaiting también se presenta en los artistas cuando transmiten una identidad sexual ambigua y lejos de lo normativo con el fin de atraer a la comunidad, pero sin pertenecer abiertamente a ella. En este caso particular, al tratarse de personas, es más difícil definir si el propósito de sus acciones es ganar dinero o brindar apoyo genuino.

En torno a esto han surgido muchos debates donde, entre otras cosas, se reprueba o se defiende esta práctica. En su defensa, existen argumentos a favor de las no etiquetas y el subtexto, sin embargo, es necesario entender por qué la representación genuina y bien desarrollada es importante para la comunidad, en especial en contextos hostiles donde “salir del closet” no se considera “pasado de moda”, como algunos críticos argumentan, sino que al contrario, puede costar la libertad o la vida de un individuo.


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Es imposible negar la violencia y el rechazo a los que el movimiento LGBT+ se ha visto expuesto a lo largo de la historia e incluso en el tiempo presente, en muchos países ser homosexual todavía es un delito y aún se comenten actos de discriminación que a veces desencadenan crímenes de odio. Por esto mismo y, contrario a lo que muchos críticos occidentales creen, los cuestionamientos al queerbaiting son válidos y necesarios, pues el panorama europeo y norteamericano no determina las experiencias de todo un colectivo marginado en el resto del mundo.

Infografía de Statista con los datos más actuales sobre los peores lugares en Europa para ser parte de la comunidad LGBTI.

Tan sólo en América Latina, la aceptación de la diversidad ha sido una lucha constante a la que todavía le falta mucho terreno por ganar y, es aquí, donde la necesidad de representación de las disidencias sexuales nace, en medio de la construcción de una identidad, tanto colectiva como individual.

Para consolidar el sentido de pertenencia en la sociedad actual, se precisan referentes, iconos, rostros que ya no sólo sirvan para que los miembros del colectivo se identifiquen, sino que también despierten la empatía de aquellos que estén dentro de lo «normativo».

Aquí es donde comienza el problema, porque también es primordial entender que el queerbaiting y la anhelada representación están ligados al entretenimiento, a los medios masivos y a las industrias, factores que moldean la cultura y la convierten en mercancía.


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Holland, el primer idol abiertamente gay, fue víctima de un ataque homófobico en Corea del Sur, país que todavía lidia con estigmas y en donde la industria del k-pop ha sido criticada varias veces por queerbaiting.

Si aceptamos que el arte y el entretenimiento son un reflejo de la sociedad en la que se producen, podemos concluir que nuestros productos masivos son el resultado de los valores y la ideología actual. Esto hace más fácil entender por qué el queerbaiting resulta perjudicial y para algunos es tan molesto.

Esta práctica deja en evidencia que nuestra sociedad sólo está disfrazada de liberal, pero sigue siendo injusta y hostil para cualquiera que sea radicalmente distinto; se acepta la disidencia, pero sólo si es suave y de preferencia ejercida por quien tiene poder.

«All the things she said» del dúo ruso t.A.T.u es considerado un himno lésbico. En el famoso video musical, las dos cantantes fingían ser lesbianas para promocionar el tema.

Así pues, tenemos a artistas heterosexuales que son vistos como iconos queer, que lucran con la misma ambigüedad sexual por la que muchas personas del colectivo son discriminadas y violentadas, artistas que transgreden las normas desde un privilegio ajeno para casi todos los miembros del movimiento. El ejemplo más representativo es el dúo ruso t.A.T.u, que al comienzo de su carrera, obtuvo fama debido a la relación lésbica que parecía existir entre las integrantes, sin embargo, las dos cantantes eran realmente heterosexuales y una de ellas incluso realizó declaraciones homofóbicas tiempo después.  

También tenemos personajes de ficción que no son canónicamente aceptados como miembros de la comunidad o que su única función narrativa es la de argumentar inclusión. Como muestra de esto último, está Albus Dumbledore, personaje de la saga Harry Potter, quien a pesar de haber sido concebido por la autora como homosexual, en los libros no posee un desarrollo donde este tema se trate o se evidencie; en las películas no tiene mejor suerte, aunque la saga de Animales Fantásticos ha intentado apaciguar este vacío en la historia del personaje.


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La serie «The Falcon and the Winter Soldier» fue acusada de queerbaiting por algunas escenas que insinuaban una relación distinta entre los protagonistas que hasta ahora no se ha concretado. 

El reclamo LGBT no busca señalar a los artistas o a los creadores que caen en la práctica como enemigos de la comunidad o malas personas, sólo son una muestra de que es fácil romper estereotipos e ir contra la normatividad si esto genera dinero y no incomodas de verdad a nadie.  Llama la atención que algunos iconos del colectivo sean personas heterosexuales o cisgénero, que sólo se nombran aliados o que están cómodos al no ser etiquetados, y no porque esto sea algo malo, sino porque hay muchos artistas que abiertamente forman parte de la comunidad y que no gozan del mismo reconocimiento ni ostentan los mismos privilegios.

Esto último, en el mejor de los casos, puede tomarse como una oportunidad para reflexionar sobre el consumo de ciertos contenidos por parte de la comunidad y del público en general, no con afán de cancelación, pero sí bajo la consciencia de que no todos los productos que se ofrecen a la comunidad conllevan un compromiso con ella.

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