La gran aventura | Relato

Para Carlitos el día empezaba como cualquier otro, nunca imaginó que un pequeño ser le revelaría algo que ni siquiera pasaba por su cabeza y que le cambiaría la vida.

Por: Verónica Chávez Toscano

| Lunes 25 abril, 2022, Ciudad de México.

| Tiempo de lectura: 5 min

Para Carlitos era un día como cualquier otro, por la mañana lo despertó la voz de su mamá llamándolo para que se preparara para ir a la escuela. Lleno de pereza se estiró en la cama con la esperanza de poder quedarse entre las cobijas un poquito más. Un segundo clamor le anunció que debía levantarse o de lo contrario el humor de su madre se vería seriamente afectado. Cosa que, como sabía muy bien, no le convenía en lo más mínimo.  Pero tenía tanto sueño y el ruidoso tic tac del viejo reloj sobre su buró que se escuchaba de vez en cuando lo arrullaba…

Se libró de las cobijas y resbaló por el costado de su cama, sintiendo una gran pesadez en su cuerpo, era imposible abrir los ojos lagañosos, de repente sintió una mirada que instintivamente lo hizo voltear pensando que era su madre, pero no la encontró precisamente a ella, lo que vio fue a un pequeño hombrecillo que no llegaba ni a la mitad de la altura de su cama, vestido de forma peculiar con unas botitas negras con la punta levantada, una mallita roja, una chaquetita verde y un sombrerito rojo.  Lo observaba con sus pequeños ojillos perspicaces. Se miraron mutuamente con la boca y los ojos bien abiertos. Carlitos se restregó los ojos rápidamente con las manos para confirmar lo que estaba viendo, pero al volverlos a abrir, ya no encontró nada. De un brinco saltó al piso y rápidamente lo buscó por todos lados, por debajo de la cama, dentro del closet, en los cajones y nada, simplemente había desaparecido.

Sin esperar un tercer aviso de su madre, pasó a la acción, con desconfianza se lavó la cara mientras estaba alerta para percibir cualquier movimiento extraño.  Se puso su uniforme y tomó su mochila, dejó su cuarto no sin antes dar una rápida mirada buscando algún indicio del hombrecillo, pero nada. Desayunó rápidamente y subió al autobús escolar.

El día transcurrió de manera normal, pero su cabeza no dejaba de pensar en ese pequeño que había visto en su habitación, ¿Acaso se lo había imaginado?, por supuesto que no,—se decía a sí mismo— lo había visto con lujo de detalle y esos ojillos azules lo miraban entre curiosos y retadores, de eso estaba completamente seguro. Pero, ¿Dónde se había metido?

Después de que su madre lo recogiera en la escuela y pasaran a comer con la abuela, llegaron a casa y sin pensarlo subió rápidamente hacia su cuarto. Al abrir la puerta, lo vio, estaba ahí descaradamente recostado en su cama, no se intimidó al verlo. —Hola, mi señor. – le dijo con voz chillona— ¿Ya no se acuerda de mí?.

Él, ante la sorpresa, se quedó sin habla sólo observándolo.

—Vamos, debe acordarse muy bien de mí—le dijo con tono relajado—¿Se acuerda cuando era un infante? Ah, claro que lo recuerda, muchas veces yo jugaba con usted.

—Claro que no, no te conozco—dijo Carlitos en tono temeroso.

—Ya me habían dicho que esta tarea no sería algo fácil—dijo en tono apático el pequeño hombrecillo y chasqueó los dedos.

Después de escuchar el chasquido, ambos aparecieron en un lugar lleno de vegetación, flores enormes y coloridas, el aroma de bosque se percibía por doquier. Carlitos se dio cuenta de que se transformó y empequeñeció,  empezó a percatarse poco a poco de que se encontraban en el jardín de su casa, sólo que visto de ese modo parecía una enorme jungla.

—Espero que ahora recuerde de donde viene mi señor, usted es nuestro soberano y lo necesitamos, como futuro rey es imperativo que nos ayude a proteger el reino.

—¿Futuro rey?— preguntó Carlitos con sumo asombro.

— ¡Claro, tenemos que luchar por nuestra tierra! — dijo  el hombrecillo con el ceño fruncido y tomando una posición de pelea.

Otro chasquido de dedos fue el detonante para que los dos pequeños cambiaran su atuendo a una armadura, escudo y espada.

—Mire, mi señor, nuestro mundo, está siendo invadido por la bruja de la cueva y sus rufianes, ella quiere gobernar todo el reino,  necesitamos salvarlo o nunca podrá coronarse como rey.  En este momento se lleva a cabo una incansable batalla, necesitamos que nos guíe hacia la victoria ¡Se lo suplico!

—Pero, yo no sé cómo.

En ese momento, de la nada algo salió de entre la maleza, era un escarabajo enorme y feroz, que al mover las patas hacía un ruido acompasado y lento… crish, crash, crish, crash, iba directamente hacia ellos, sin pensarlo y decidido,  sacó su espada para defenderse y conforme el escarabajo se acercaba notó que de su amenazante hocico a punto de engullirlo salía un sonido conocido:

—¡Carlos, sigues dormido! ¡Levántate! Se nos hace tarde para la escuela…

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