Enfrentándose al miedo | Relato

Fanny al fin se atreve a enfrentar sus miedos, esos que la han atormentado por años ¿Acaso al fin podrá encontrar alguien que entienda su sentir?

Por: Colibrí

| Lunes 7 de marzo, 2022, Ciudad de México

| Tiempo de lectura: 3 min

Fanny, se encontraba con amigos platicando sobre las historias de personas públicas declarando ante el mundo que han vivido abuso sexual durante su juventud y ahora siendo maduras habían decidido dejar el miedo atrás delatando a sus agresores, la mayoría de ellos se preguntaba: ¿Acaso realmente sirve de algo hacerlo?, lo único que buscan es llamar la atención. Ella sólo los observaba y analizaba la poca empatía que mostraban con las “víctimas” que, a pesar del tiempo decidieron por fin hablarlo.

Mientas los escuchaba, se remontó unos 40 años atrás, Fanny era una niña de escasos 6 años, como cualquier niña de su edad, se dedicaba a jugar, imaginar, estudiar y a sentir miedo, mucho miedo, tanto que le dolía con sólo recordar. Al ser una niña creciendo en una familia disfuncional, estaba ávida de cariño y amor. Ese día en particular sus padres, como siempre, tuvieron alguno de sus múltiples compromisos y la dejaron a cargo de su tío adolescente, que con trabajos se cuidaba él solo. El día pasaba como cualquier otro, ella jugaba en la sala cuando él se le acercó y le pidió que lo acompañara a ver la televisión en la recámara, ella contenta se acostó a ver un programa infantil que le encantaba, en su cabeza inocente no pasaba nada, su tío la abrazó, lo que se le hizo bastante normal. Unos minutos después empezó a sentir sus manos acariciando sus piernas —ella traía un vestidito infantil—sentía sus manos, ella estaba quieta preguntándose si eso era algo normal —Sus padres nunca le habían hablado de sexo y mucho menos del cuidado que debía tener para evitar algún abuso—poco a poco fue sintiendo sus manos acariciándola entre las piernas. Él tomó su pequeña manita inocente y se la metió en la trusa, —los ojos de Fanny estaban cerrados con fuerza—sintió algo duro en su mano, no sabía que era, se sentía suave, algo extraño, él pedía que lo acariciara, ella no quería, pero era forzada a hacerlo, de repente sintió algo pegajoso en su mano; se preguntaba ¿Qué demonios era eso? ¿Qué estaba pasando? Sintió náuseas.

Recordó el terror al sentir como le quitaban sus braguitas infantiles, las lágrimas escurrían por sus mejillas, ¿Qué estaba pasando? De pronto sintió un dolor terrible, algo enorme y duro rosaba su pequeña vagina infantil, el terror se apoderó de ella, era incapaz de abrir los ojos. Después de un rato, él la mandó a lavarse las manos, ella salió corriendo y se encerró en el cuarto de baño.  Mientras se limpiaba se preguntaba que había pasado, que había hecho, el asco se apoderaba de ella. Regresó a la habitación temblorosa y su tío, la acarició con mucha ternura y le dijo con firmeza: —Este será nuestro secreto, si se lo cuentas a alguien te podrían castigar y muy fuerte. Al escuchar eso, una loza pesada cayó sobre sus hombros… El silencio y el miedo se quedaron a vivir con ella por muchos años.”

Cuando tenía unos 15 años, pensó que era el momento de quitarse ese peso de encima, se lo contó a su hermana mayor, ¡Grave error! Ella le dijo: “Por favor entiéndelo, tenía ganas, quería desahogarse.” ¿Qué? ¿Desahogarse con una niña de 6 años? vaya estupidez. Primer round, derrota.

Unos 10 años más tarde, su marido fue su confesor, entre lágrimas le había contado lo sucedido y muy indignado le dijo que no quería volver a verlo en su vida, que le daba asco, sin embargo, la repulsión y la indignación encontraron una rápida cura, en uno de esos tantos viajes del tío de Fanny a Estados Unidos, su esposo añoraba un celular con una tecnología que no llegaba aún a México, sin la menor consideración le rogó a Fanny que se comunicara con su tío para que se lo comprara. Ella con el corazón roto y después de varias discusiones y muchas lagrimas accedió a llamarlo. Su marido tuvo su celular y Fanny una amarga desilusión que nunca pudo superar. Segundo round, derrota.

Su tercera oportunidad llegó, en una noche de copas y confesiones, entre sollozos se lo confesó a su prima y a su tía, la indignación por lo sucedido cubrió el ambiente, su apoyo incondicional también se prometió. Al día siguiente entre la cruda moral y los remordimientos, el silencio reinó. Jamás se volvió a tocar el tema. El tío consentido debía ser tratado de la mejor manera, llenaba a la familia con regalos caros y cubría todas sus necesidades. Si era algo del pasado ¿Por qué no olvidarlo? un error lo comete cualquiera ¿o no? Tercer round. derrota.

La mente de Fanny regresó a la reunión con sus amigos y mientras los escuchaba, pensaba si de verdad valía la pena abrir las heridas del pasado, ante una sociedad hipócrita, ¿Acaso eso ayuda a sanarlas? ¿Acaso vale la pena hablar y amenazar la tranquilidad de toda una familia?

Finalmente, haciendo caso omiso de su miedo y con el riesgo de experimentar un rotundo nockout, Fanny empezó a hablar: Amigos pues, yo tengo algo que contarles…

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