A propósito de #UNAMnoPaga

La realidad es que hoy día, el movimiento perdió demasiada fuerza, las clases volvieron en forma de «asesorías» no ha habido resolución total de los pliegos petitorios y una larga lista de pendientes siguen sin resolver.

Por: Mario D. Kuma

Fotografía: Magnolia / @_magnolia_lm

Jueves 1 de julio, 2021, Ciudad de México.

«Pero educados de la manera correcta: limite sus perspectivas y comprensión, desaliente el pensamiento libre e independiente y capacítelos para la obediencia.»

Noam Chomsky

Desde el pasado 23 de abril del presente año, se inició un paro de actividades en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) en Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) debido a los retrasos y descuentos en el pago de salarios de los profesores de asignatura y ayudantes quienes, a comparación con los docentes que gozan de la plaza definitiva, reciben pagos precarios que van desde los $87.00 pesos quincenales (información filtrada y censurada en redes sociales) o simplemente no los reciben y son ellos quienes de su bolsillo costean el internet y demás recursos para poder seguir dando clases a distancia.

Por supuesto, tal hecho y acorde al espíritu universitario, causó descontento en la comunidad académica (dígase estudiantes y docentes) y se decidió iniciar un paro indefinido hasta que se realizaran los pagos correspondientes, dicho sea de paso, se aprovechó para pedir el compromiso de parte de las autoridades, para que se lograse una dignificación de derechos laborales para las y los profesores afectados. En una clara muestra de solidaridad y empatía, las demás Facultades y planteles, incluso las Escuelas Preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades, (CCH) se sumaron al paro total de actividades virtuales.

Fotografía: Magnolia

Aunado a una serie de problemáticas que se han venido retrasando (creo yo) por falta de interés de parte de Rectoría llenó de hartazgo a una parte importante de la comunidad académica, además de la falta y retraso en los pagos, sirvieron de estandarte para levantar la voz, llegando a las redes sociales con el hashtag #UNAMnopaga. Por otro lado, la UNAM señaló que la falta de pago oportuno y los adeudos con profesores de asignatura y adjuntos, es en su mayor parte con personal de la Facultad de Ciencias y en menor grado, de otros siete planteles: «La Universidad Nacional ha pagado en tiempo y forma a más del 98% de sus académicos, de un universo superior a los 40,000 profesores que laboran en la institución» aseguró en un comunicado el Departamento de Difusión.

De acuerdo con la UNAM, en la gran mayoría de Facultades y escuelas, las clases a distancia se han llevado a cabo con normalidad, como ha ocurrido durante el último año de pandemia. Lo cierto es que, la realidad reflejada en las redes sociales por parte de algunos que se atrevieron a filtrar información, es que el supuesto pago cubierto sólo había sido un porcentaje pequeño, Rectoría había maquillado las cifras para calmar los ánimos, algo que parece curioso. Si volteamos a ver la historia del universitario está repleta de movimientos sociales y estudiantiles, en los que se han logrado mejorías por medio de las protestas, algo que por supuesto, conforma lo que hoy día es la UNAM (como identidad, no como institución actualmente).

Hoy a dos meses del paro total de actividades, el movimiento perdió fuerza y se desvirtuó ¿Cuál fue la causa? Las razones son varias; en primer lugar, los movimientos y golpes de autoritarismo por parte de las autoridades; segundo, el acto de influenciar a grupos de estudiantes más conservadores (quienes tenían centrada su atención en la preocupación de perder un semestre por dicho movimiento, así como la imposibilidad de seguir con trámites o que, por ejemplo, se perdiera su condición de alumnos regulares, acto que por sí mismo causó una división importante entre los estudiantes). Habría que mencionar también, que por parte de los grupos de representantes de algunas Facultades, en un primer momento, se comenzaron a reclamar peticiones un tanto triviales o que no atendían a ninguna emergencia y poco tenían que ver con la génesis y finalidad del movimiento.

Estos hechos fueron causando un desgaste a los grupos que tomaron acciones, sin embargo, la idea general del paro, por supuesto, era lograr una mejora y dignificación laboral, pero la manera en que se suscitaron las diferentes asambleas y mesas de trabajo, los tiempos y hechos, dieron pie a que algunas carreras (que por decirlo de algún modo, su formación está un poco alejada de las problemáticas sociales) comenzaran a deslindarse del movimiento y levantaran el paro por medio de grupos no simpatizantes, acto que fragmentó más, la ya de por sí delicada y poca cohesión, que había por parte del alumnado, si a esto sumamos las distintas maneras en que algunas autoridades ejercieron presión y de igual manera, sin importar lo que la ley orgánica de la UNAM dijera, se adjudicaron el levantamiento de un paro estudiantil de forma pasivo – agresiva “respetando el paro, pero dando apertura a círculos de estudio y dialogar sobre alternativas de acreditación”.

Fotografía: Magnolia

En otras palabras, no se pudo llegar a un acuerdo de recalendarización digna hacia la comunidad estudiantil, debido a que imperó el desgaste, el ego, el poco ímpetu de negociación, la intolerancia, la altanería de parte de algunos directivos, así como la poca empatía de los estudiantes y de docentes que no simpatizaban con el movimiento, ni siquiera hacia los profesores que aún no tienen resolución, menos aún, a la dignificación de sus derechos laborales y que esto pasaba a segundo término, siendo la prioridad retomar las actividades y clases para poder recibir y emitir una evaluación y no perder el semestre.

Se realizaron votaciones y ya era más que evidente la división de posturas, aunque habría una mayoría que aún quería continuar el paro, era mínima, mientras que otras mesas de trabajo surgieron como grupos organizados, asistiendo a los docentes y las autoridades, para pedir la reanudación de actividades académicas, en “un acto democrático”; lo que hace recordar una de las máximas de Platón, en las cuales expresa cierto desdén a la democracia, pues, si bien es cierto, que el lado ganador tiene cierta razón en sus ideales sociopolíticos, la minoría que pierde su voz y necesidades deben ser ignorados; lo ideal, es que ambos proyectos se pusieran sobre la mesa y llegar a un justo medio.

Fotografía: Magnolia

Sin embargo, la realidad es que hoy día, el movimiento perdió fuerza y los grupos que aún se encuentran en pro del mismo, se han visto disminuidos y las clases volvieron en forma de asesorías. No ha habido resolución total de los pliegos petitorios y el esfuerzo se reflejó en una pérdida de tiempo, los problemas de violencia de género no se han atendido y una larga lista de pendientes siguen sin resolverse. Lo cual invita a reflexionar acerca de cómo se puede lograr un desgaste sin siquiera intervenir de forma directa y la poca humanidad que existe por parte de los altos mandos, el hambre de poder y lujos, el individualismo imperioso. Al final, Napoleón Bonaparte tenía razón cuando dijo: “Divide y vencerás«.

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