Centros de Día. El oasis de la educación | Entrevista

Por: V. M. Silva

17 de mayo, 2021, Ciudad de México

Los centros de día fueron parte de Risilio, que es un programa de la Dirección Integral de niñas, niños y adolescentes del DIF (Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de las Familias) en INDESOL (Instituto Nacional de Desarrollo Social) de la Ciudad de México, cuyo objetivo era intentar disminuir los riesgos de callejización. Estos centros se encontraban ubicados en puntos clave de la Ciudad donde predomina el ambulantaje y el comercio informal. Para lograr el objetivo se priorizaba la educación, por lo que el único requisito para formar parte del programa era que el infante estuviese inscrito en alguna institución y que no fuese mayor a 18 años de edad

Los Centros de Día, que acogían a cientos de pequeños, sobre todo hijos de trabajadores ambulantes que se encontraban en situaciones complicadas, al no existir un horario fijo los niños solían no tener supervisión y cuidados básicos adecuados. Por esta razón, el personal del programa solía salir a las escuelas cercanas a informar e invitar a los padres o tutores a formar parte de él. Entre ese personal se encontraba nuestra Karen Guzmán, licenciada en Trabajo Social por parte de la UNAM cuya experiencia siempre ha sido cercana a grupos vulnerables, sin embargo, su desempeño en el DIF se mezcló con una contingencia y crisis económica que empeoró la situación y llevó a la suspensión de dicho programa acorde a la realidad de muchos mexicanos.


¿Cuál ha sido tu formación?

Estudié la Licenciatura en Trabajo Social en la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, y durante la carrera realicé prácticas y el servicio social, en donde siempre me incliné por trabajar, con niños y adolescentes. Mi primera experiencia fue en un Centro de Salud Mental en Iztapalapa, ahí se trabaja en conjunto con una secundaria, era un proyecto de prevención de ansiedad, depresión y riesgo suicida en adolescentes. Después, fue con adultos mayores y proyectos y ya el servicio social lo realicé en juzgados familiares trabajando como asistente de menores en las pláticas que llevan con el juez para determinar custodias. Una vez concluyendo mis tramites de la carrera, metí mi solicitud para el programa de Jóvenes Construyendo el Futuro, en donde entré como becaria al DIF de la Ciudad de México.

De acuerdo al objetivo del programa ¿Qué actividades se llevaban a cabo?

Eran bastantes actividades, el horario de entrada era de 8 AM y el cierre a las 5 PM. En la mañana estaban los niños que estudiaban en la tarde, aproximadamente 18 niños, y en la tarde los que estudiaban en la mañana, aproximadamente 50 pequeños.

Llegando de la escuela les dábamos de comer, la comida la realizaban dos cocineras que realizaban el menú bajo el plan nutricional que mandaban de Dirección General los nutriólogos del DIF, posteriormente los separábamos en distintos salones, los de kinder, de primero a tercero de primaria, los de cuarto a sexto de primaria y los de secundaria (en donde estaban incluidos los que ya asistían a la preparatoria). Y ahí junto con las maestras los apoyábamos con sus trabajos y tareas. También podían asistir a la sala de computo en caso de así requerirse para tareas específicas y siempre estando bajo el cuidado de uno de nosotros. Y también había un espacio con un televisor para que pudieran ver películas, además del pequeño patio donde solían jugar.

Aparte de las actividades dentro del espacio también era común tener charlas para los padres, estas eran impartidas por un profesional enviado por el DIF. A veces se les llevaba a los niños del turno matutino a clases de natación. Se organizaban eventos como Día de Muertos, la pastorela en diciembre, los juguetes del 6 de enero, el día del amor y la amistad y esperábamos el Día del Niño, lamentablemente no llegamos a celebrarlo.

Esta población sin duda es bastante vulnerable ¿Cuáles fueron los mayores retos al trabajar con ellos?

El trato con algunos menores era muy complicado, tenían situaciones familiares bastante delicadas y algunos no estaban acostumbrados a recibir órdenes, con sus padres trabajando todo el día y teniendo bastante “libertad” en las calles el hecho de salir de la escuela para llegar a otra especie de escuela les resultaba agotador. Especialmente las complicaciones eran con los adolescentes, es una etapa fuerte y si a los niños no les gusta que los trates como pequeños pues los adolescentes esperaban ser tratados como adultos, sin embargo, no lo son y como instituto tenías la responsabilidad de reportar cualquier cosa inapropiada o algún foco rojo a sus padres y además agregarlo al expediente, porque había un seguimiento de cada caso, no era como en sus escuelas, era una atención mayor.

El programa era bastante noble y sin duda un gran apoyo a las familias, sin embargo ¿Cuáles consideras que eran sus debilidades?

Principalmente el apoyo económico, a veces las maestras y los becarios teníamos que arreglárnoslas con lo que había y con lo que mandaban, que por cierto era bastante exacto y a veces pasan cosas que hacen que necesites un poco más de material.

Además no solía haber una asistencia total ni constante de los niños, a pesar de tener un seguimiento y realizar llamadas a los papás o incluso ir a sus hogares. Parece que esta «vigilancia» no les parecía a los adultos y tampoco a algunos adolescentes. Esto provocaba que constantemente tuviéramos que salir a invitar a más personas.

Y por último, es que el DIF parece hacer todo y nada. Desarrollo Integral de la Familia ¿Qué te dice eso? Se pretendía hacer tanto que a veces realmente no se hacía nada, obviamente lo digo de manera simbólica, sí se trabaja, si hay esfuerzo, pero aún hace falta mucho.

¿Cuando llega el confinamiento en marzo 2020, qué cambió?

Todo: El no poder trabajar directamente con las personas hizo imposible llevar a cabo las mismas actividades. Éstas fueron sustituidas por llamadas a los padres de familia, se les avisaba si había llegado algún apoyo alimentico para que pudieran acudir por el. Sin embargo, el cuidado de los niños pareció transformarse en el cuidado de los padres. Entraron en una desesperación por varias cosas, la situación general y la incertidumbre, tener a sus hijos todo el día y sobre todo el no poder trabajar. Ellos no podían quedarse en casa, algunos no tenían un lugar fijo y esto complicaba todo. Los niños ya no querían hablar con nosotros por teléfono o videollamadas, entre la escuela y sus tareas estaban cansados de la «nueva normalidad». Mas que nada porque las cosas se fueron prolongando, primero eran 15 días, después pasaron meses y ahora llevamos ya mas de un año.

Otra de las complicaciones y razón principal de la suspensión del programa es que el espacio no pertenecía directamente al DIF, este lugar era rentado y conllevaba un gasto innecesario al no haber asistencia de ninguna persona. Así como las escuelas no son escuelas sin la gente, el programa ya no existía (de manera simbólica) sin los niños y la participación de sus tutores.

Mencionas que fueron meses trabajando desde casa ¿Cuánto tiempo pasó para que se decidiera la suspensión del programa?

Yo comencé a asistir desde Octubre de 2019, y sólo estuve un año. Fue medio año presencial y medio año en línea, en donde se intentó de todo para continuar. Lamentablemente los problemas que no se veían o no se sentían tanto de manera presencial se potencializaron cuando llegó el confinamiento. Tan sólo dos meses después de mi salida se anunció la suspensión total, ya que no podíamos hacer nada.

Las llamadas que realizábamos eran terapia para algunos padres, pero el objetivo real del programa no se podía cumplir. los niños estaban hartos de sus clases en línea, o las tomaban por el celular, los dejaban ver la televisión o simplemente les mandaban las tareas por mensaje, parece accesible, pero de las 62 familias que se tenían contabilizadas sólo dos tenían internet en casa, cuatro familias tenían casas propias y otras 15 vivían con la familia, o sea, que no pagaban renta, sin embargo, los demás rentaban o llegaban y ocupaban edificios vacíos, tipo paracaidistas donde muchas veces no se contaba con los recursos básicos necesarios.

Es lamentable pensar que había planes armados para algunos niños y ya nada se pudo cumplir, por esto mismo, posteriormente nos dieron sesiones a nosotros por esta incertidumbre y frustración de no saber de ellos.

¿Qué pasó con estos niños, qué sucede con sus relaciones con los otros y con su educación?

Sin duda fue un golpe, pero no creo que haya sido tan fuerte para ellos como lo fue para los que ya estaban en secundaria, en la preparatoria y para los padres de familia. Los niños no suelen ver las cosas hasta que crecen, ahí se darán cuenta si valió o no la pena el programa. En estos momentos no ven que sus relaciones se cortaron de un día a otro y que volver a socializar será todo un reto, sobre todo para los mayores. Y en cuanto a la educación, definitivamente tuvo una de las mayores pausas que vino a golpear y terminar de visibilizar la decadencia de la enseñanza.

¿Te gustaría finalizar con una anécdota que te haya marcado o una situación que haya sido significativa?

Hubo un día en que recibimos una llamada, se habían encontrado un chico durmiendo y trabajando en las calles cercanas, así que fueron por él y comenzó a integrarse en las actividades y resultó que su familia lo había buscado, aparecieron pronto, pero lo extraño es que a pesar de tener aproximadamente 12 años no había asistido nunca a la escuela y no tenía ningún papel que avalara su existencia. Aun así se decidió apoyarlo, al menos a enseñarle a leer y escribir. Comenzó en el grupo de los niños de kinder y después con los de primero de primaria, pero ya era muy grande y no se adaptaba con los menores, así que se le dio asesoría personalizada debido que una de las psicólogas nos dijo que le llegaba a contar experiencias que ningún niño debería saber y creía que no era correcto involucrarlo con los pequeños. Así que se armó un plan de trabajo para él que jamás se pudo llevar a cabo por la pandemia y ahora me pregunto qué es de él. Aprendió a leer y a escribir, pero esa vida en la calle no será fácil de superar.


Los Centros de Día son el oasis de la educación porque no se realizaba las mismas actividades que una escuela, dentro del establecimiento había una preocupación por el bienestar mental y académico del niño. Se contaban con los diagnósticos de cada uno de ellos, en donde la desintegración familiar, la violencia y la carencia económica estaban a la orden del día. Los y las trabajadoras sociales, psicólogos y docentes ejercían un papel importante en la vida de estas familias, no sólo apoyaban con asesoría, también daban alimento y actividades recreativas, la posibilidad de bañarse si no contaban con agua, despensas, pláticas de sexualidad a los padres, eventos con los niños que en su situación difícilmente tendrían por el poco tiempo y dinero que se gana al día. Lamentablemente este sólo es el principio de una vida llena de injusticias y desigualdades que en medio de una pandemia se visualizan aún más.

Programas, Institutos y Asociaciones civiles con finalidades como el Centro de Día han quedado en el abismo gracias al año virtual y se espera que, así como se han abierto la mayoría de las actividades, pronto se renueve la labor que el DIF brindaba a 62 familias.

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