El muchacho de los anteojos | Relato

Por: Tifanny F. Cárdenas

7 de mayo, 2021, Ciudad de México.


Esa mañana transcurrió, peculiarmente, tan extraña; desperté y la luz lucía demasiado brillante, golpeando mis ojos a través del ventanal; por alguna extraña razón, no recordaba lo que había sucedido los días anteriores. Confundida y un poco adormilada, me recosté sobre el sillón, mientras observaba a la gente pasar. Todos caminaban con prisa, excepto un muchacho distraído que, por voltear la vista hacia mi casa, tropezó; consecuentemente, sus lentes cayeron al piso y no pude evitar reír; una vez que se los volvió a colocar, fijó su mirada en mí y sentí mis mejillas sonrojarse… Su cabello era largo y negro, sus labios rosados y su cara estaba perfectamente delineada por una alborotada barba. Después de algunos segundos, comenzó a colocarse los lentes, una y otra vez, limpiándolos en repetidas ocasiones; de pronto, comenzó a acercarse hacia mi ventana y, de un sobresalto, me incorporé e intenté acomodar mi cabello.

¿Qué debería hacer? – pensé. Sobra decir que, su sola presencia, era intimidante para mí.

            Rápida y torpemente, intenté recorrer el vidrio, pero me fue imposible; entonces, él se acercó y, recargando sus brazos por encima del alfeizar, comenzó a observar el interior del caserón. Yo estaba frente a él, primero sonriendo, y después, sumergida en una gran confusión.

¡Qué extraño! Estoy seguro de haberla visto, no debe ser más que mi propio remordimiento – susurró el muchacho, a sí mismo, con la voz entrecortada.

            Desde el bolsillo derecho de su abrigo, se deslizaron las hojas de un periódico; «Joven muere envenenada, tras haberse suicidado por desamor» se leía en el encabezado, que mostraba la fecha de una semana anterior y, ahí, fue cuando recordé todo…

            Una danza violenta de recuerdos emergió a mi alrededor, deslizándose sobre mi cabeza, como si intentaran mofarse de mi fatalidad; cerré mis ojos, pero fue inevitable, pues golpeaban y penetraban cada parte de mi inerte ser. Sentí que comencé a flotar en ese mismo vórtice de terror, mientras recordaba todas mis noches en vela, llorando bajo las sábanas de algodón e implorando, amargamente, porque terminara todo mi dolor; acariciando, con las puntas de mis dedos y mi lengua, el cianuro de aquel viejo botellón…

            Con gritos imperceptibles para él, le supliqué al joven que no se fuera, que se quedara junto a mí… A pesar de recordar la razón de mi propia muerte y verlo abandonarme, por segunda ocasión.


Sobre el autor

Tifanny F. Cárdenas, originaria de la Ciudad de México, profesora de inglés y lectora apasionada, ha participado con escritos en distintas revistas de índole cultural, tales como: “Tinta Sangre” y “Almicidio” (México), “Fantasmagoría” (Colombia) y “Marginalees” (Argentina); de igual forma, ha formado parte de una antología a cargo de la editorial “La sangre de las musas” (México) y del libro digital “Microcuentos de terror, en tiempos del Coronavirus” (Bolivia). Con “Marginalees” también colaboró con fotografía, al igual que en distintas galerías mexicanas. Ha participado en eventos de poesía y body painting.

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