Música popular: Evidencia y configuración de la realidad.

Por: Luis Daniel Guevara Angeles

4 de mayo, 2021, Ciudad de México.


La sociedad es un agente de cambio, pero a su vez es un ente que cambia, se distorsiona y moldea de acuerdo a las necesidades del hombre, aunque este también es un ser que se transforma y conforma la unidad social, por ello plantea sus necesidades y las resuelve de diferentes formas. La diferencia que tiene el hombre con respecto a otras especies es la conciencia, pues con esta puede crear soluciones diversas que ayuden al entorno, aunque también es motivo de problemáticas y necesidades creadas. Con el paso de los años hay algunas (necesidades) que no cambian y que se mantienen en el ser humano como una parte inherente a él que siempre buscan ser asistidas.

Es interesante poder observar cómo en el transcurso del tiempo siempre se ha buscado dejar registro de ciertas expresiones, lo vemos en cosas prehistóricas como las pinturas rupestres; en objetos que se erigen como símbolo como las grandes construcciones; se encuentra en las artesanías como jarrones, esculturas y escritos que perduran. Siempre se ha buscado el crear maneras de preservar el pensamiento, así como los sentimientos y las sensaciones, pues es necesidad del hombre dejar rastro. Tal es el caso de este escrito, que se muestra como una manera de hablar desde lo particular (con base en la experiencia) y dejar una huella del pensamiento. Una de las formas más elevadas de denostar todo lo anterior es y ha sido el arte y, específicamente, la música, reflejo de lo social y forma de expresión que enmarca sensaciones colectivas y particulares.

Schopenhauer, en su libro “El amor, las mujeres y la muerte” hablaría de las artes y la música como una forma de escape de una realidad llena de negatividades y aspectos adversos. El arte es ese camino por el cual todo es válido, pero, dentro de eso, también hay aspectos que buscan salida y que nos dicen qué pasa con el presente.

La música actual no está para nada desarticulada de los hechos que permean en nuestro día a día, generan una dialéctica en donde crean una ideología y son creadas desde la ideología. Los géneros (de los que se tiene conocimiento) en el mundo se cuentan por más de 100 y se configuran en diferentes ámbitos. En México, por ser un país diverso, contiene música que da identidad a sus habitantes fuera de la nación como el mariachi, pues no es nada secreto que es un aspecto de la mexicanidad arraigado hasta el tuétano en el mundo.

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Existen también otros que configuran una imagen de hombre específico parte de una subcultura, como lo es el género de banda, específicamente el narco corrido. Que no es más que un reflejo de lo que pasa en muchos sectores poblacionales, pues los motivos por los que se llega al camino del narco (según algunas letras) son, en muchas ocasiones, la pobreza. El tener un pasado o presente humilde (en el sentido económico) generan, desde esa perspectiva, decisiones osadas o peligrosas que, una vez tomadas, crean esa ideología en que la vida es un instante y, como tal, habrá que hacer lo mayor posible en el tiempo que haya, sea lo que sea. No olvidemos que hablamos desde las letras y basta leer o escuchar frases que crean un México distópico y alterno a muchas realidades.

Las problemáticas sociales como la pobreza, la desigualdad, el desempleo, la falta de igualdad de oportunidades, inseguridad y demás aspectos se ven escritos y cantados ahí, en letras que mitifican estos actos enmarcándolos como parte de un ideal de hombre. La música es consecuencia de una realidad conocida, pero que no se quiere voltear a ver y que en tiempos de pandemia no dejó de existir.

Yéndonos a un panorama general. América latina es un lugar peculiar, pues más de medio continente comparte parte de su historia sin llegar a confundirse uno con el otro, su pasado y su presente se articula de muchas formas, se mira desde ópticas muy símiles y se vive de mareras no tan alejadas. Los países que conforman este bloque comparten la conquista de América de modo que, hasta el día de hoy, en la mayor parte de la región puedes comunicarte con un mismo idioma.

La Conquista y la Colonialidad son aspectos muy importantes a considerar cuando hablamos de América latina. Sin embargo, no sólo mantenemos rasgos estrechos con Europa, pues somos tan cercanos a África (en el aspecto musical) al grado que, por ejemplo, en México se escuchan sus toques hoy en día, pues toda la música que se escucha cuando los llamados “danzantes” (esos que se ven en la basílica de Guadalupe o en el Zócalo) bailan, precisamente, la herencia africana que dejaron los esclavos negros tras la conquista. Esto se debe a que después de que los españoles controlaran el territorio no hubo rastro palpable del modo en que se tocaban los instrumentos mesoamericanos. Pues no sólo en Tenochtitlán se hacían ritmos.

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Existen hoy en día piezas arqueológicas en diversos museos que corresponden a instrumentos datados de aquella época y de los cuales no se tiene certeza de el modo en que se ocupaban. Aunado a esto, en el Anáhuac y sus alrededores, no se ocupaba la misma notación musical conocida en occidente, no se sabe si hubo, alguna vez, un registro fehaciente de algún tipo de escritura. Se tienen diversas conjeturas, pero no hay certezas completas.

Por otro lado (volviendo a nivel Latinoamérica) existen géneros como la salsa, el son cubano, la huaracha, etc. que nacen de esa necesidad de quitar de las ataduras a los esclavos africanos por algunos instantes. Esos toques de tambores son muy similares a los que los africanos hacen o llegaron a hacer. Este género es el resultado de una construcción histórica que llevó, poco a poco, a legitimidad la cultura del esclavo. Pues en Colombia, por ejemplo, está tan arraigada la salsa como lo pudiera ser el mariachi en México.

A lo largo del tiempo, y como todo aspecto en la cultura, tuvo sus modificaciones, sus deformaciones y sus resultados. Funcionó (el antepasado de la salsa) como llamados a dioses de lo que hoy se conoce como santería. No se está diciendo que la salsa (por mencionar un género) sea igual a la música que se ocupa en rituales como los de la santería, sin embargo, existen similitudes en los tambores e instrumentos ocupados.

El punto de lo anterior es que, la música que se conoce y se desarrolla, principalmente, en el sur como el merequetengue, el merengue y los ya mencionados (y muchosmás) son resultado de una intención de liberar y desarrollar un momento de dispersión. Incluso (aunque es ficción) se toma en cuenta esto en el libro “Del amor y otros demonios” de Gabriel García Márquez, en dónde se narra una fiesta de esclavos donde se genera un alboroto al tratar de dejar por un momento la realidad opresora. Quizá hoy el objetivo que hubo en el génesis de estos géneros se distorsionó, pero con ello se pueden ver dos percepciones paralelas y convergentes de la música.

La existencia de la expresión musical popular actual se debe a mostrarse como un espejo o mira sintética de la realidad, que se enmarca en función de las necesidades que carece o que ha resuelto el hombre. Se mira como una manera de evidenciar un estatus y una realidad expuesta sin ojos que quieran verla. Por otro lado, se ve como un modo de dejar huella y de buscar un momento en el que se olvide de complicaciones, así como de un llamado a las miradas. Es una preservación de la cotidianeidad presente y pasada, cumple una función estética y social con tendencia a lo político.

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La música es evidencia de una fracción de lo real, pero también es un llamado disruptivo cuando se quiere ver así; es un escape de la realidad, pero también puede ser una inmersión en un contexto. La música nos puede sacar de la cotidianeidad como también nos puede meter más en ella. Puede hacernos olvidar de los problemas tanto como puede hacernos caer más en ellos. Es hermosa cuando se quiere, pero también es revolucionaria, nos confronta, nos configura y describe mucho mejor de lo que lo haríamos nosotros mismos.

La música es causa y consecuencia de la realidad, así como puede ser objetivo puede ser medio; es significado y significante. El arte de los sonidos es polisémica y policromática, nos da realidades pasadas, presentes y posibilidades futuras si se le escucha bien. Es registro de la configuración de hombre que se da en lo no visto, en aquellos lugares recónditos que existen a la luz del día plantados en la obscuridad de la negación. Nos dice el tipo de hombre que estamos creando y el que se ha creado con el paso de los años.

En la ambivalencia de la música se encuentra un mundo que se puede analizar y del que se puede dar cuenta como paralelo a todo. Como bien decía Schopenhauer, el arte puede ser un motor para generar un escape de la realidad, pero cuando la música popular no es tan sublime para llegar a ese olimpo, quedándose peldaños abajo ¿nos encierra aún más en la realidad o también nos extrae de ella? O más bien ¿nos expresa a modo de catarsis?

Sobre el autor

Egresado de la FES Aragón de la carrera en Pedagogía, actualmente trabajo mi proyecto de tesis cuyo tema central es la educación mítica. Trabajo en una empresa de investigación y consultoría social. Con respecto al escrito, he sido músico por 12 años y uno de mis primeros intentos (durante la carrera) de investigación fue acerca de la música prehispánica.

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