Educación y Pobreza. Los niños de los que nadie habla

Por: V. M. Silva

30 de abril, 2021, Ciudad de México.

Existen discusiones sobre la educación y existen discusiones sobre la economía, pero ¿Qué relación existe entre ambas?

Abril es el mes de los niños, los cuales han tenido un año muy distinto a lo poco que solían conocer de la vida, como el cambio de rutina diaria, los cubrebocas, no ver a sus compañeros de clase ni a su familia, no salir como antes y sobre todo el trabajo y clases en línea, y aunque no dimensionan todo el cambio político, económico y social que están viviendo, de alguna u otra manera han notado las restricciones del confinamiento y están conscientes de que todo es diferente. Lamentablemente estas rutinas no son las mismas para todos los niños, porque sencillamente no todos viven bajo las mismas condiciones. Es decir, todos pasan por una infancia específica, con sus carencias, virtudes, alegrías y penitencias, y esto invariablemente les afectará como adultos. Entonces ¿en qué consiste la infancia?  Antes de mencionar una definición es necesario entender que es un parpadeo, cuando menos lo sientes tienes veintitantos y una vida de adulto que parece que se desborda entre tus brazos, por eso es importante visibilizarla, porque es fugaz y dicta mucho del futuro.

Cabe resaltar que, a pesar de no existir una definición universal de la infancia, y aunque el desarrollo infantil es universal y la llegada de la vida adulta también lo es, (sin adentrarnos a teorías del desarrollo infantil) se entiende a la infancia como la calidad de la vida que pasa desde nuestro nacimiento hasta la edad adulta, en donde el niño juega, conoce el mundo y se desarrolla. (UNICEF, 2005)

Es por eso que, no sólo es que pasen los años, es lo que pasa durante ese tiempo. Y la razón por la que no hay una única definición es que la realidad cambia de acuerdo al tiempo y al lugar, y eso aplica para todo y para todos. Y qué es la calidad sino el acceso a la educación, salud, a un hogar digno y un abastecimiento real de las necesidades más básicas sin importar la cultura y/o el entorno físico. Es aquí cuando nos debemos preguntar si realmente hay niños y no pequeños adultos tratando de jugar, conocer y desarrollarse. Por consiguiente, esto se relaciona con la línea delgada que existe entre los que tienen mucho y los que tienen menos, pero ¿Quién habla de los que no tienen nada? Los olvidados por el Estado, orillados por nosotros y obligados a subordinarse frente a un sistema que busca exterminarlos, sin exterminar el problema. Sí, los niños en riesgo de caer en situación de calle, los que aún no están ahí, pero casi. Nadie quiere hablar de esa cuerda floja donde se encuentran miles de familias, sostenidas apenas por apoyos sociales o lo que logran vender al día, donde no cabe la posibilidad de rentar un espacio y recurren a vivir en viejos edificios. A los que el Sistema Educativo abandona, y es que al sistema no le corresponde resolver ni apoyar esos “problemas específicos” ¿O si? 

Ahora bien, cuando se habla de infancia se debe pensar en su relación y su  desarrollo en y con la escuela, sin embargo, la realidad es que el acceso a la educación es bastante limitado a pesar de ser un derecho humano fundamental vinculado a la Declaración de los Derechos Humanos (1948),  aun con una gran difusión mediática que se ha llevado a cabo últimamente (a diferencia de años anteriores) y sobre todo aunque está redactado en la Constitución como una obligación del Estado, donde dice que se garantizará su impartición de manera obligatoria y gratuita, desde la educación inicial hasta la educación media superior. (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos [Const]Art. 3.12 de diciembre de 1934, Mexico)

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Aun así, los estragos que ha traído la pandemia en materia de atención educativa generarán una gran brecha entre la población infantil en edad escolar. Esto provocará que estos niños (llenos de sueños e imaginación) no puedan acceder al “privilegio” de estudiar o que sólo puedan estudiar a medias. Apenas poder asistir a clases y realizar las tareas en el tiempo disponible y no en el necesario, porque su atención estará en otro tipo de rutinas que ningún niño debería vivir.

Y ¿cómo podríamos explicar esta relación entre el privilegio de vivir una infancia (real) y el éxito (económico) de una vida adulta? Hay dos teorías que aclaran esta situación, la del capital humano y la radical. En la primera se apuesta por una expansión de la educación (becas y programas), con la finalidad de que esos recursos destinados a los estudiantes puedan regresarse y generar ganancias (sí, es un negocio) lastimosamente, aunque suena muy lógico, esto no resulta así, ¿la razón del fracaso? Son las variables sociales, esas realidades múltiples, las diferencias abismales. Y es que, a pesar de existir tantas desigualdades de todo tipo, el estatus social es el ganador. (Becker, 1964) (Carnoy, 1967) Por lo cual, la realidad es que la escolaridad es el mayor factor para explicar esta desigualdad en la distribución del salario. (Muñoz y Lobo, 1974) Y no es que el dinero sea lo más importante, es que sencillamente es la escalera para ascender a todo.

Entonces, si la educación no tiene que resolver los problemas económicos por que se le da esa responsabilidad idealizada y muchas veces real de que una persona estudiada es privilegiada al gozar de todas las necesidades básicas y más. Y la persona no estudiada, entonces, vivirá en busca de cubrir esas necesidades que el otro ya tenía cubiertas desde antes.

La segunda teoría (la radical) se refiere a que es el capitalismo lo que crea y afianza la relación de dominio-subordinación (Bowles y Gintis, 1981), en la que arriba se encuentra el dueño o el puesto solicitado, abajo y con gran facilidad de acceder, se encuentran los que más oportunidades tuvieron y más abajo, y de manera descendente, se van colocando los demás. Así se crea esta relación, la cual no garantiza que los más cercanos a la cima sean intelectuales, ni asegura un buen desempeño laboral, solo es que hubo mayor accesibilidad educativa. Ya que debajo de todo este modelo laboral están las instituciones a donde el aspirante acudió durante toda su vida.

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Esta relación entre donde se estudia y donde trabaja es un círculo vicioso que solo se lograría solucionar con una transformación económica de largo alcance, o sea que el alcance sea económico y social. De nada sirve si hay reformas educativas si nunca se trabajan en conjunto con reformas laborales. En la teoría radical hay un rechazo a la idea que puedan favorecer la igualdad de oportunidades educativa y laborales. Ya que cambios educativos hay muchos, basta recordar el Plan de Once Años en los 70’s, el cual tenía como finalidad expandir la educación primaria. En en los 80’s fue la secundaria, en donde también se comienza a considerar el contexto de los niños. Ya en los 90’s y los años 2000 comenzó la formación de competencias y posteriormente la evaluación universal de los maestros. Por ultimo la reforma al articulo tercero en 2013, dictada por Enfique Peña Nieto, en la que se habla del nuevo enfoque del sistema educativo nacional para un mayor aprendizaje y una formación integral, además de la evaluación para la permanencia.

Sin duda, desde hace mas de cincuenta años hay una preocupación por realizar cambios educativos, pero no hay cambios que vayan directamente relacionados a los problemas laborales. Entonces, cuando el alumno termina un nivel educativo (como puede) el Estado lo arroja a un abismo en donde no existe una seguridad ni certeza de trabajo (ni formal ni informal). La escuela fue el campo de practica que lleva a un campo de batalla incierto, en donde la practica fue injusta pero en el que se espera que todos hagan el mismo trabajo.

En definitiva, hay una desigualdad muy marcada, la podemos ver en todos lados y todo el tiempo. Los niños, que alguna vez fuimos nosotros la vivimos y es importante entender las razones de nuestros “destinos” para no atormentarse buscando razones personales y comenzar a darle esa responsabilidad que tiene el Estado con nosotros y con los futuros adultos.

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