Condenados sin sentencia: Madres e hijos en situación de encierro, un acercamiento a la realidad infantil invisibilizada.

Por: Azalia Cabrera & Alondra Moncayo

14 de abril, 2021, Ciudad de México.

Conoce las significaciones que tiene consigo la maternidad dentro de las cárceles en México, así como la infancia invisibilizada que desarrollan los hijos de las reclusas detrás de las rejas y el concreto del sistema penitenciario.

“Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas”

– Carlos Ruiz Zafón


En esta actual pandemia el encierro ha sido crucial en la infancia; resulta imperioso resaltar que no sólo hablamos de la infancia en singular, sino de infancias desde la diversidad entre ellas de las diferencias culturales, políticas, económicas, educativas, etc. Sin embargo, algunos niños y niñas no han estado encerrados por motivos de pandemia, sino de manera permanente, porque han nacido y vivido dentro de una penitenciaria.

El proceso de separación entre las madres e hijos, que se encuentran en situación de cárcel, es peculiar, por ejemplo, en el año 2014 se tenía permitido permanecer hasta la edad de 6 años, pero desde 2016, la edad máxima en que un hijo puede permanecer con su madre dentro de la prisión, en México, es hasta los 3 años (Gómez, 2017), sin embargo, existen casos en los que el niño o niña se encuentra dentro de la prisión hasta los 11 años de edad.

Después de esta edad, el niño es expulsado de la prisión y entregado, en algunas ocasiones, con familiares, o en su defecto, a diversas Instituciones del Estado, las cuales se harán cargo de ellos hasta cumplir una edad permitida o la mayoría de edad.

Sin embargo, no existe un programa dirigido a los hijos de presas para la asimilación de esta situación “el ser separados de sus madres a corta edad y sin intermediarios que retomen las necesidades de ellos”. El niño es despedido de una manera brutal, pues no existe un proceso de intervención en el cual se prepare al menor para asimilar de la mejor manera tal acción, lo cual debería ser un proceso. La primera infancia es a los 3 años, el niño aún está viviendo dicha etapa, la cual debe estar influida por diversos factores que permitirán un desarrollo pleno y una formación, siendo la madre un agente formador de gran peso.

Pese que a en el Artículo 4 constitucional se enfatiza y establecen los derechos de los niños y niñas en conjunto con acuerdos nacionales e internacionales en México, existe un contraste de estos derechos respecto a lo que sucede actualmente con madres presas junto a sus hijos.

Por otra parte, la mujer presa es víctima de constante discriminación por los diversos estereotipos que la sociedad ha impuesto, tales como el “ser buena madre”, y como consecuencia, el hijo se enfrenta a una situación semejante a la de su madre.

Es de suma importancia rescatar de manera general algunas de las causas por las que han incrementado las cifras en mujeres que han cometido algún delito, del cual hace mención Mauserbeger (2016), rescatando que algunas sufrieron maltrato y violencia en su infancia dentro de sus hogares, otras intento de suicidio en algún momento de su vida, así como abuso sexual antes de los 18 años o alguna otra dificultad dentro de su vida.

Museberger (2016) hace referencia a la “doble culpa”; por un lado, el castigo a la madre, privada de la libertad y sin responsabilidad alguna; mientras que también el hijo o la hija se ven implicados en este encierro, y expuestos a escenarios de violencia; Por otro lado, las mujeres reclusas se obligan a seguir una cierta disciplina por los menores, y de proveer a sus hijos de auto-cuidado, higiene, alimentación y educación dentro del Sistema Penitenciario.

La prisión es una institución punitiva y pedagógica, ya que mediante el castigo de unos cuantos, se rige amenazadora y ejemplarmente, como un futuro posible para quienes se atrevan a transgredir las normas hasta pasar la tolerancia de los poderes. (Lagarde, 1990:466).

Los hijos de las internas terminan por padecer con ellas el rigor de los castigos que les son impuestos y, probablemente, su desarrollo y bienestar tendrán consecuencias negativas a mediano y largo plazo. (Muserberger, 2016: 116).

Al igual que la prisión, la familia puede tener un carácter institucional, que imponga derechos y obligaciones en cuanto a la moral, religión, estética, etc. Y esto ha sido vivido por muchas familias durante el encierro en el estado de alarma por la pandemia. Es evidente que las realidades no son las mismas, pero pensar acerca de cómo viven los niños en situación de encierro, nos pueda acercar a empatizar y entender la manera en la que vive el Otro.

Bibliografía
● Lagarde y de los ríos Marcela, (1990). LOS CAUTIVERIOS de LAS MUJERES, madresposas, monjas, putas, presas y locas, editorial siglo XXI, p. 466
● Mauersberger, María, (2016), El dilema de la madre entre rejas: delincuente y mala madre, una doble culpa. Trabajo social, Bogotá: Departamento de Trabajo Social, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia.

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