«Doctora Pelos»: Risoterapia y Esperanza

Por: Aura Vilchis

13 de abril, 2021, Ciudad de México.

Si algo hemos aprendido en éstos últimos años, es que la vida y la salud son muy frágiles, y pueden perderse de un segundo a otro. Sin embargo, existen por el mundo muchas personas que forman parte de fundaciones sin fines de lucro, cuyo único objetivo es ayudar a otros ¿Pero te has preguntado qué conlleva ser voluntario o voluntaria en dichas organizaciones? Hoy, Sonia Rivas, Elizabeth López y María Guadalupe Merchán, nos comparten un poco de sus experiencias al hacer voluntariado en variadas fundaciones mexicanas, que buscan, a partir de la Risoterapia, repartir alegría y cumplir sueños a niños, jóvenes y adultos que atraviesan por diversas enfermedades y padecimientos.

Sonia López, Comunicóloga, ha colaborado en fundaciones pequeñas y de forma independiente

Elizabeth López, Licenciada en Relaciones Comerciales, ha sido voluntarias en Fundación Teletón, Dr. Sonrisas, entre otras.

María Guadalupe Merchán, Pedagoga, fue voluntaria en la fundación México Sonríe.

¿Cuáles eran sus actividades como voluntarias?

María: Tenías que crear otra personalidad de ti, un poco más creativa o divertida, más emocionada por todo, una persons que no le diera pena hacer algo que te pusiera en «ridículo», era crearte una personalidad de trabajo para hacer reír a los demás. En algún momento, podías también coordinar alguna visita y encargarte de los demás voluntarios.

Sonia: Nos creábamos un personaje, nos disfrazábamos, pero era con el fin de que los niños o las personas que fueras a visitar, porque en mi caso, se dio que íbamos al hospital Juárez y en ocasiones no había tantos niños (afortunadamente), entonces nos mandaban a otras áreas donde había personas adultas, entonces a ellos no les llamaba la atención un súper héroe, pero necesitabas amoldarte para que se sintiera compatible contigo: si quería jugar, que jugara; o si quería platicar, que platicara; lo que quisiera para sentirse cómodo y sobrellevar el momento. Es tratar de sacar la mejor versión, tanto mía, como de ellos.

No teníamos como una lista de actividades, porque lo más importante era improvisar. Literal, llegar a improvisar, a ver cómo está el movimiento, porque tampoco nos dicen las edades de las personas, normalmente era ir con niños, pero a veces te tocaba ir con la personas de diálisis, o a la parte oncológica de adultos, a veces hasta con los familiares.

Dentro del voluntariado, ustedes contribuían a hacer sentir mejor a las niños, jóvenes e incluso adultos que pasaban por enfermedades serias, bajo situaciones de estrés e incertidumbre ¿Cómo reaccionaban los niños y niñas al estar ustedes interactuando con ellos?

Sonia: Hay una que a mí nunca se me va olvidar: Un día fuimos a visita y estábamos tomando fotos en el elevador hasta llegar a piso, salimos y un chico llevaba un ukelele, empezó de la nada a cantar las mañanitas, y nosotros lo seguimos, entonces entramos a un cuarto y el niño empezó a llorar, se volteó con su mamá y le dijo:

-Es la mejor sorpresa que me has dado, me mandaste a traer a unos payasos para que me vinieran a cantar las mañanitas, cómo sabían ellos, que era mi cumpleaños ¡por ti, por ti!-

Su mamá empezó a llorar y también nos dijo – ¡Muchas gracias, porque yo no sabía cómo animar a mi hijo a que era un día especial, que era su cumpleaños, y yo no tenía dinero para comprarle un juguete-.

Existen las dos versiones, como este niño que nos recibía con alegría, pero también me tocó niños que no querían hablar con nosotros, que decían, estoy en una desgracia y tú pareces que te viene a burlar de mí. Nos acercábamos también muchas veces al familiar, o también existía el termino medio: en que sí me parecen graciosos, pero de lejitos los veo, y con el paso de tiempo se daban cuenta que lejos de hacer mal íbamos a hacer un bien.

Voluntariado

¿Hay un costo emocional, ya sea positivo o negativo, al ser voluntario, tal vez al interiorizar el dolor de los niños que ayudaban?

Elizabeth: Sí hay. Hay positivo como negativo, yo creo que el positivo está de más decirlo, es una satisfacción enorme que alguien te diga –mi hijo se rio por ti, o habla por ti, hoy quiso caminar por ti, quiso escuchar música o hacer cualquier hobbie por ti-, todo eso sube tu autoestima y te hace sentir muy bien. Pero también está el lado en que realmente te pega mucho. Yo he conocido amigos que les ha afectado al nivel emocional de decir ya no puedo, ya no me puedo seguir involucrando con las personas. Yo siempre he sido fiel a la idea de que para tu brindar algo, tú tienes que estar bien contigo. Siempre va a haber casos que te van a tocar más que otros, pero yo creo que es importante que tú estés bien para que seas congruente, y eso puedas tú ofrecer a los demás. Siempre después de cada dinámica, al final se hace una junta entre todos los voluntarios, para que tú no te quedes con nada de lo que viviste en el hospital, para que te puedas desahogar y no te lo lleves a casa. Lo bueno, compartirlo; y lo malo, depurarlo.

María: Un coste emocional sí hay. Cuando te enfrentas a una realidad más fuerte de lo que imaginabas, porque puedes encontrarte a alguien muy feliz o indispuesto, o a alguien viviendo su momento de dolor, llorando; y te llega. Como ser humano sientes empatía por esa persona, y de pronto puede que no sepas qué hacer. Al final de pronto te quedas con eso, me sentí triste por esto que pasé o quise llorar, pero me aguanté, y son cositas que hay que socializar con nuestros compañeros, es bonito y ayuda, a parte de que compartimos las experiencias de cada uno, pues igual apapachamos a ese ser humano que también nosotros somos.

Cuando pensamos en infancia, lo asociamos de inmediato con felicidad, pero éstos niños viven su infancia de manera diferente, tal vez sin ganas de jugar o reír por los tratamientos tan largos y desgastantes que viven ¿ustedes creen que ellos han perdido su infancia al estar hospitalizados?

Elizabeth: Al final siempre van a ser niños, pero son niños que viven cosas que normalmente no vivimos todos. Son niños que crecen en hospitales, que celebran sus cumpleaños en hospitales, y que normalmente, llegan a ser mucho más maduros, porque hablas con un niño de 6 años y ya sabe cómo se pronuncian los medicamentos, y para qué sirve cada tubo. Me llegó a tocar niños que me decían: «yo tengo leucemia, desde hace dos años y me van a amputar la pierna» y te impacta, son niños muchos más fuertes, más resilientes, pero no dejan de ser niños.

María: No es que pierdan su infancia, la viven, pero la viven diferente, y viven de maneras diferentes todo lo que implica, pero no pierden su chispa, ni su curiosidad, ni sus ocurrencias, ni las preguntas que los niños hacen. Es cierto que son más maduros, porque en el mismo contexto en el que se desenvuelven escuchan los términos de su enfermedad, de sus medicamentos y a veces hasta se los tienen que aprender para recordarles a sus papás, eso los dota de una madurez que quizás otros niños de su edad no tienen. Incluso, sí están mucho tiempo en el hospital socializan de una manera diferente, sus amigos están ahí, incluso sus novios, son cosas que las van viviendo también, pero en el hospital.

Risoterapia en hospitales de México

Seguramente convivieron con un montón de niños y jóvenes en su tiempo como voluntarias, pero hubo alguien en especial que las marcara personalmente en su concepción del mundo y de la vida?

Elizabeth: Está difícil escoger una, todas son especiales. Algunas te llegan a impactar más por tus raíces, o por cosas que tú ya has vivido. En la fundación en la que actualmente estoy cumplimos sueños, y uno de los últimos sueños que cumplí era el de cuatro niñas que querían conocer el mar, nos fuimos a Cancún con ellas. Desde que te subes al avión, es como ¡wow!, creo que su parte favorita fue ver el hotel, normalmente tenemos patrocinios de las fundaciones, entonces era un hotel bastante lujoso y para ellas la habitación con jacuzzi era lo máximo. Cuando acompañas a cumplir un sueño, no solamente es el sueño de las niñas, sino el sueño de los papás también. Ellos tienen la oportunidad de ir con el tutor que elijan, esta vez también fue un abuelito que no conocía el mar, fue el sueño del abuelito y el sueño de la niña. Me impactó mucho eso, que la primera vez que vieron el mar, todo ese viaje todo era como: la comida me sabe más rica, y tal vez no porque fuera más rica, sino la misma energía de ellos de decirte «la vida no es mañana es ahorita.»

A penas este año en pandemia una de las niñas con las que fuimos a conocer el mar falleció y yo me acuerdo de todas estas palabras: tú sé feliz, si te quieres sentir triste, siéntete triste; y eso me marcó muchísimo, por que ella ya estaba en pláticas de tanatología y demás, y ella ya estaba preparada, y yo no estaba preparada para que se fuera. Fuera de verlo como algo muy triste ella me enseñó a valorar, y que la muerte es parte también de la vida y es lo único que tenemos seguro, no desperdicies ni un segundo, aunque sea algo negativo, tú vívelo.

Sonia: Yo he participado en fundaciones más pequeñas, pero creo que cada visita te enseña algo, yo cuando era muy pequeñita, tenía cuatro años, me internaron cerca de un mes, y yo recuerdo que mi mamá me decía que me tomara mis medicamentos, pero yo como buena niña no me los quería tomar, recuerdo a los voluntarios que llagaron y me dieron una máscara, y ahí empecé a seguir las reglas del juego. Mi mamá quedó muy agradecida, y me cuenta que cuando ellos se fueron yo le decía «cuando yo sea grande voy a ser como ellos».

María: Lo que me impactó mucho, fue ver cómo es que las relaciones entre el familiar, normalmente es mamá quien está ahí, o la persona que está cuidando al niño en el hospital son a otro nivel, con todas las implicaciones que tienen, las emociones que ambos viven, pero que lo comparten. Me pasó con un chico, como de 16 años, me contaba sus aspiraciones, pero la relación que tenía con su mamá, cómo se hablaban, cómo se miraban, yo siempre he creído que el amor fortalece en cualquier situación y lleva a otro nivel de relación, de lazos, de confianza.

Voluntarios, México

¿Qué mensaje le enviarían a las personas para motivarlos y sensibilizarlos para unirse como voluntarios y llevar felicidades a niños y niñas en estas situaciones tan difíciles?

Una vez una amiga me dijo, «hoy vi a una señora en el metro que venía vestida con una bata de médico llena de parches, y llevaba una peluca y una nariz roja. Y yo cuando la vi me acordé de ti, y atrás decía doctora pelos, se subió a los vagones y nos hacía reír, entonces yo te imaginé cuando seas más grande haciendo eso, porque veo que te apasiona mucho». Y yo le dije, «Sí, pero creo que todas somos doctoras o doctores pelos en la vida de alguien, no necesitas asistir a un hospital, un asilo o casa hogar para tratar de ayudar al de a lado». En muchas ocasiones, yo he estado triste o no he encontrado un camino o un rumbo, y lo tengo, pero no lo veo, creo que todas podemos ser la doctora pelos o el doctor pelos de cualquiera. Lo que nosotros hacemos no es algo que se tenga que poner en un altar, si nosotros lo compartimos en redes o lo platicamos no es para que nos admiren o nos vean distinto, es para poner esa semillita en cada uno y decir, oye, despierta esa doctora pelos que llevas adentro, y si ves a alguien llorando en el metro, aunque no lo conozcas ofrécele un pañuelo, y eso también es hacer voluntariado, voluntariado en la vida.

Elizabeth: El mensaje que yo daría es: encuentra una causa que te apasione, porque no todos tenemos la misma afición a los niños o a los viejitos, etc. Algo de lo más importante cuando tú hagas algo por alguien, es que no tengas expectativas de que lo haces por ti, para ser mejor persona. A penas vi un vídeo que decía, si tú quieres ser voluntario por ser mejor persona, porque me va a ayudar a mi currículo o a viajar, por esas razones no lo hagas, porque siempre vas a estar a la expectativa de «pero no me agradeció, o no le gustó lo que le di, o perdí mi tiempo», hazlo realmente por al otra persona.

María: Todos los días hay oportunidades de hacer bien a alguien, o dar amor a alguien, y que en nuestro entorno cotidiano o en camino hay personas que necesitan de una palabra o una sonrisa, y esas cosas que no nos cuestan nada, podemos darlas en todo tiempo. Todos pasamos por situaciones difíciles, algunas temporales, algunas no tan temporales, pero en cualquier circunstancia hacer voluntariado en cada día de nuestras vidas, cuando tengamos la oportunidad, dar lo mejor de ti es lo importante. Ser personas que ayudan a otros a sanar algo, tal vez tu sonrisa apaciguó una tormenta.


Punto y aparte: Ser voluntario conlleva grandes retos, pero trae consigo una mayor satisfacción, y aunque no es labor fácil, México y el mundo, hoy más que nunca, necesitan de más personas como María, Elizabeth y Sonia, con una gran pasión por ayudar, por hacer reír, aun cuando el viento sopla fuerte.

3 comentarios en “«Doctora Pelos»: Risoterapia y Esperanza

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