La Paideia como Medicina, educación para entender la salud en tiempos de pandemia.

Por: Jorge F. Quiroz

Parece ya un mal chiste decir que los tiempos en que vivimos son tormentosos. Pero no quita que sea verdad. Hoy más que nunca, se ha hecho patente que la salud es un valor vital para toda la humanidad. Así como un derecho universal. Un derecho que paulatinamente se nos ha sido retirado y, peor aún, se ha hecho sumamente lucrativo.

Así mismo, la profesión del médico ha retomado su luz. Luz perdida por prácticas deshonestas y un ambiente cada vez más bursátil. Sin embargo, la medicina es en muchos sentidos un arte. El arte de curar. No malentiendan esto como artesanía o como una especie de experimento pretencioso del espíritu humano. Sino que es parte de la cultura y de la civilización que hoy presumimos tener.

Todo queda más claro cuando examinamos el ejemplo que nos da la cultura Griega clásica. Ya desde Homero tanto la cultura física, como el cuidado, son parte de la educación (Paideia) de los hombres honorables. Así mismo, en su obra se llega a afirmar que el médico “vale por muchos hombres”.

Existe en el Griego la palabra  epimeleia (ἐπίμέλεία). Que es, a groso modo, el cuidado de sí mismo. El cuidar de uno mismo existe tanto de manera física como espiritual. El educar al cuerpo y al espíritu eran igual de importantes en la Grecia antigua. Es por ello que la formación básica de todo ciudadano griego, que se jactara de serlo, tenía como base la gimnasia y la música. Gimnasia para el cuerpo, música para el Alma. Así también lo dice el famoso refrán platónico.

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Los helenos, ávidos de atletismo y esparcimiento físico, expandieron su culto al cuerpo a todas sus expresiones políticas y estéticas. Tal es el caso de las Olimpiadas antiguas o (en su caso más documentado) la famosa batalla de Maratón; que dio nombre a la larga carrera moderna.

Igualmente, la medicina y el cuerpo, fueron impulsadas por la doctrina espiritual por excelencia, la Filosofía. Especialmente de los filósofos naturalistas. Esta fecunda unión le permitió esclarecer su campo y su método. Y en general del saber del cuerpo y la salud. No por nada la Literatura clásica médica está escrita en prosa jónica.

Sin embargo, muy a nuestro pesar, el cuidado de uno mismo se volvió paulatinamente una sombra y finalmente un olvido dentro de la cultura occidental. Bien entrada la “Edad media” o la Modernidad el cuerpo se convirtió en objeto de repudio o de mero estudio. Las artes y los oficios médicos tardaron bastante más en descubrirse y estandarizarse.

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La pérdida mayor no es, en todo caso, la pérdida del conocimiento médico en sí (que ya es bastante grave), sino el completo abandono de lo que engloba la salud. El cuidado de sí mismo empieza por educarse uno mismo. La relación entre alma y cuerpo debería ser el derecho universal por excelencia, hoy más que nunca.

Para el  infortunio posmoderno que vivimos, hay que agregar un sistema de salud precario, desatendido y especialmente lucrativo.

¿Qué no la salud es un derecho universal que debemos exigir? ¿Qué no la educación integral debe contener una educación a la salud? ¿Qué no debemos exigir gimnasios (no privados al estilo gym anglosajón) públicos y de recreación? ¿Qué no el bienestar es también bienestar físico y mental?

Que no se nos olvide que debemos exigir igual de nuestro cuerpo que de la mente. Y más en una sociedad enferma como en la que vivimos. [1]


[1] W. Jaeger (2016) Paideia: los ideales de la cultura Griega. FCE. Ciudad de México.

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